Abuelos

"Los abuelos" morían en las residencias, pero los primeros en vacunarse han sido "nuestros mayores"

Fíjense ustedes que cuando leo las críticas al llamado Rey emérito, ese del que no sabíamos que le gustaba irse en aviones privados con su amiga, lo primero que se me viene a la cabeza es lo mal que lo estará pasando, no el hijo Felipe, sino sus nietas herederas al trono. Y recuerdo a mis abuelos que siempre me aconsejaban que estudiara para llegar a ser un hombre de provecho, probablemente confiaban en que con estudios tendría una vida más fácil.

Hubo un tiempo en que los abuelos eran personas como muy mayores, aunque tuvieran no muchos años o al menos no tantos como se nos puede antojar ahora. Eran los tiempos en que la vida era muy dura y no es que ahora no lo sea. Lo que no había, o estaba en manos de pocos, era eso llamado las comodidades de la vida moderna. Los abuelos probablemente habrían trabajado en el campo o en industrias de las que te van royendo los huesos; y ellas, las abuelas, habrían criado a muchos hijos e hijas sin todas las comodidades de las cocinas actuales. Eliminen agua caliente, lavadoras, microondas y multitud de artilugios que se enchufan y no sabríamos imaginar cómo poner una olla caliente en la mesa. Son solo gotas mencionadas en un mar de dureza, casi miseria a los ojos cegados por el lujo de lo posmoderno. Aquellos abuelos y abuelas morían. Generalmente en sus casas, generalmente en silencio, a menudo sin hacerse esperar mucho. Ya estaban delicados de salud. Como si les tocara, asumiendo aquello de la ley de vida: unos mueren, otros nacen.

En las miles y miles de reflexiones que se han lanzado durante esta pandemia, muchas han versado sobre la muerte de los "abuelos" en las residencias. Y ahora con la llegada de la vacuna, los primeros en recibirla son los eufemísticamente llamados "nuestro mayores". ¿Ahora, son nuestros? ¿Y antes de quién eran? ¿No habremos sido malos hijos e hijas? ¿No arrinconamos a nuestros mayores cuando ya no nos son útiles? Abuelos y abuelas que ahora viven más años gracias a todos los avances médicos, a todas esas comodidades que hacen la vida más cómoda, ahora que se viven más años con mayor salud, pero no sé si con más felicidad. ¿Cuántos buenos consejos se habrán perdido en el silencio de los labios de abuelos y abuelas? Los consejos de los abuelos siempre son sabios, me pregunto qué buen consejo podría dar ahora el abuelo real a sus nietas herederas. ¿No hagáis como yo? Vale.

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