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Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Acompañado en la soledad

La vida es más sentir que tener, vivir que contar y compartir que mostrar

La solitaria figura del Santo Padre en la habitualmente concurrida, cuando no atestada, Plaza de San Pedro es una de esas imágenes que quedarán para la historia. El bullicio romano tornado en el más monacal de los sigilos. Sobrecoge la imagen frágil de un anciano que mira al infinito, con dolor y ternura, ante el inmenso vacío que se abre ante sus ojos en una tarde triste, gris y lluviosa. Pero esa soledad no es tal, pues su aliento reconforta a millones de almas en los cinco continentes. Una soledad aparente que unida a la convicción de su voz y a la potencia de su mensaje constituye un retrato detallista, delineado minuciosamente, de la situación en la que actualmente vive la Humanidad entera. Como bien dijo el Papa, nos ha sorprendido una tormenta inesperada y furiosa. Y buscamos un cabo al que asirnos.

Nos sentimos angustiados y desorientados, sitiados por un enemigo invisible. No oímos explosiones que nos avisen de las tropas que se acercan, ni ruido de motores que anuncien un bombardeo inminente. Aun así, somos conscientes de la enorme soledad de nuestras calles, del miedo a la enfermedad y al contagio, del sordo dolor de los enfermos, del emocionado recuerdo a los fallecidos y del sacrificio y entrega de tantos. De esos pocos que llegado el momento crucial son a los que tanto deberemos todos los demás. Y también de aquellos a los que no habrá nada que agradecer y sí, mucho que exigirles. A los insolidarios, desalmados y especuladores, a los traficantes de dolor ajeno. A los incompetentes y a los carroñeros de todo color y signo. Sabemos que habrá un día después del Covid, pero ni cuándo será, ni qué precio habremos pagado. Y entre tanto, nos aferramos al convencimiento de que unidos seremos capaces, una vez más, de superar las mayores dificultades.

De todas las frases del Papa Francisco me quedo con esta que afirma que vivimos un tiempo "para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es". Parece que de vez en cuando, los hombres necesitamos una bofetada de realidad para entender que la vida es más sentir que tener, vivir que contar y compartir que mostrar. Ninguno habíamos sufrido un embate similar a este. Estoy seguro de que el día siguiente, el mundo que conocimos ayer se habrá esfumado y nos encontraremos con otro diferente. Y espero, por el bien de todos, que aprendamos la lección de estos días.

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