Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

Aculturados

Las sevillanas y el traje de flamenca se han impuesto hasta el punto de anular la reja, la cachucha o los fandangos

Los procesos de aculturación suceden porque determinados grupos imponen a otros sus elementos culturales como complemento indispensable a su asentamiento político y territorial. Este modus operandi no sólo ha sido propio de imperios y dominadores variopintos desde tiempo inmemorial, sino que también hoy lo practican quienes quieren imponer su relato histórico, político y cultural para acallar a quienes no lo comparten en determinados territorios. Veáse los independentistas catalanes, que llevan aculturando en Cataluña durante 40 años mediante un adoctrinamiento feroz en las aulas.

Ya he referido en otras ocasiones que en Granada y los territorios que conforman históricamente su reino hasta la antidemocrática constitución de la fallida autonomía andaluza, también se lleva adoctrinando los mismos 40 años en unas serie de falsos mantras tales como que Blas Infante es el padre de la patria andaluza, que la bandera bética es la nuestra, que el himno inventado por Infante nos representa, o que Andalucía es una nación histórica.

Pero hoy quiero destacar otra faceta del proceso de aculturación iniciado desde las aulas, perfeccionado por la televisión del régimen, y aceptado inconscientemente. La aculturación popular, que ha derivado en el desconocimiento de gran parte de la realidad histórica de nuestra tierra, diferenciada de la de Andalucía, y asimismo en el abandono del propio patrimonio cultural y etnográfico para adoptar patrones culturales procedentes de Sevilla y el sevillanismo como referentes propios.

Sirva como ejemplo el propio folklore granadino, prácticamente desaparecido en pro de las sevillanas y su mundialmente conocido traje de flamenca. Muy bonitos ambos pero que se han impuesto hasta el punto de anular nuestras propias referencias populares que sólo los muy mayores recuerdan -reja, cachucha, fandangos…- Para las generaciones de jóvenes desde 1981 estos referentes culturales ni existen.

Y las instituciones aceptan esa aculturación y poco ayudan a la preservación de las propias tradiciones granadinas. Amén de Lorca, en las fiestas populares abundan más los grupos rocieros que las agrupaciones granadinas que puedan contribuir a que no se pierda definitivamente nuestro acervo popular. Y se hace inconscientemente porque la aculturación andaluza se impone a nuestro rico patrimonio etnográfico, anulándolo.

Muchos luchamos para evitar esa definitiva aculturación y recuperar nuestra historia y tradiciones. Es la única forma de no acabar completamente aculturados.

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