La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Adiós Rajoy, adiós

Los que vemos estos toros desde el tendido seguiremos opinando de cómo son estos toreros: egoístas

Ya acabó, ya. Buff se ha escuchado por doquier, que ya estaba bien de ese mundo azul-gris que habían llevado hacia un marrón insondable los peperos, los cuatro que quedan y aún no se han pasado a C's, que la estampida se ve venir.

Había que ser pragmáticos y firmar este despido: la opción del PSOE gobernando en micro-minoría es el caos, vale, pero un caos necesario por el hartazgo de esta era de ignominia para olvidar.

El personal está aún despertando del letargo. "Socorro" -gritan los del "Virgencita, virgencita, que me quede como estoy"-, aunque el olor a cloaca lo perfumara todo, los del mirar para otro lado mientras se tapan la nariz y gritan que lo sociata también apesta a robo sistémico como última razón de peso, insuficiente según se ha visto.

En los despidos de personal siempre hay algo de reproche (le han echado, no se ha ido, ojo), pero si algo recordaremos de Marianico será su estilo entre simplón y pantuflas, que funcionó para en lo peor de la crisis y en someternos servilmente al salvaje ajuste con ese fustigar a los esclavos de la ama Merkel vendidos a los bancos. Cierto que se tragó el marrón que el florecitas ZP no quiso y dejó para el siguiente, en histórico escaqueo de una responsabilidad que le sobrepasó. Cierto que se sacudió a Aznar, dedocrático mentor, pero no su horrible herencia corrupta 'residual' con esta apabullante 'minoría' de cargos que pillaron por aquí o por allá. Nunca me gustó el PP, no. Ni en sí mismo ni en su apoyo intelectual en las potencias del saber del Sálvame, qué contradiós.

La opción Pedro no era la deseable. Ningún diputado creería que era así, incapaz manifiesto salvo en las carambolas del poder. Nadie le arrienda la ganancia, pero él ya ha sido presidente, lo que dure el ensueño de haberse salido con la suya contra quien fuera con tal de.

Los que vemos estos toros desde el tendido seguiremos opinando de cómo son estos toreros: egoístas a la espera de que llegue algún grande que realmente nos devuelva la fe en que hay algo más que afán de coger sillón para luego no soltarlo así se hunda el país. Y no, no cambian. Y son ya 40 años, toda la democracia, viendo/sufriendo cómo se repiten a sí mismos en sus vicios y, a veces, en la virtud de gobernar para todos, tan escasa, también en este adiós a Rajoy.

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