La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Alcalde en Corpus

El collar de la alcaldía lo lucía un líder de un partido minoritario. Chocante. Extraño. Inquietante que diría Íker Jiménez

Caminaba el alcalde el jueves de Corpus envuelto en la comitiva diezmada que presentó este Ayuntamiento extraño que tenemos. Delante de los de la corporación procesionaban los siempre pintorescos maestrantes con sus sables y sombreros con plumas y detrás, casi cerrando la comitiva, el arzobispo con esa costumbre suya tan criticada de ir dando manos y bendiciones a unos parroquianos que preferirían verle más en su sitio.

Todo tan habitual... La custodia con su cascada de pétalos en la esquina de la Gran Vía; las mantillas de blanco tan guapas; los niños de primera comunión cada vez más modernos en sus diseños tan caros. La costumbre de siglos que a tantos da seguridad e identidad. Cuenca saludaba a los que le mostraban su consideración y afecto, al igual que han venido haciendo en los últimos años en que la ciudadanía valoró su compromiso sin reservas por el que, bien lo sabemos, fue capaz de cortarse las posibilidades de ascenso a más altos puestos, todo por cumplir lo que dijo de que lucharía por su Granada, esa que tan mal quiere a los que se enamoran de ella.

Cuenca, Paco para todos, es formal pero cercano, y de la Chana. Un sano deportista bien majo con un punto distante en ese aspecto de baloncestista universitario fuera de cancha que compensa con una sonrisa amplia a cada saludo o pregunta. Y Cuenca saludaba a derecha e izquierda a los que le llamaban por su nombre/cargo: "Alcalde". Y él respondía complacido. Pero había un detalle que todo lo distorsionaba. El collar de la alcaldía lo lucía otro concejal, un líder de un partido minoritario. Chocante. Extraño. Inquietante que diría Íker Jiménez. Y más datos para la inquietud: el jefe del partido conservador, Sebastián Pérez, ni siquiera estaba en la procesión. Y los de la derecha 'Cómo Dios manda' de Vox también enfadados y ausentes. Y los podemitas de Cambril, bueno, esos ni se plantean salir detrás de cirios e incensarios. Todo muy raro.

La procesión del Corpus no iba por dentro, ya no. Se mostraba a las claras el despropósito municipal del que todos hablan. Se tacha de agravio al votante y de mercadeo de puestos, como el de alcalde, ese puesto que Cuenca encarnó en la procesión sin collar siquiera, en cuerpo y espíritu, sin alardes y con la dignidad que confiere tener el respaldo de los votantes.

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