Lapidario

Alhambra de color neutro

Casi cuarenta años ha estado la Alhambra revestida de rojo socialista, una costumbre que casi llegaba a arañar la genética del monumento. Ahora, con dos nuevos apellidos por parte de padre y uno de madre, el recinto verá nuevas caras y nuevos planes para sus paredes. Para empezar a lo grande la nueva dirección ha elegido un baluarte de la ciudad, guiño a la tradición de arraigo, la Torre de la Vela. Un proyecto integral, que se adivina ciclópeo y que denota una primera apuesta que mira a la conservación del patrimonio. Lo que aún está por ver es si Rocío Díaz dedicará más guiños a la cultura que al empresariado. Por ahora, la popular parece estar reciclándose y dándose cuenta de que muchas veces, la mina de la cultura tiene una muy buena veta. Mientras, la Alhambra, en pleno cambio en el libro de familia, espera quieta y tranquila amparada por su experiencia de siglos -que los has tenido peores- teniendo como cierto lo que decía aquella copla: "al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver". La Alhambra no lo comprendió en Macondo, si no mirando por encima de todos los hombros que han pasado por sus oficinas.

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