Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

Alto y claro

Andalucía no nos ha dado nada, sólo el mérito de la preterición sistemática de sus gobiernos, ora socialistas, ora no socialistas

Hay quien, quizás por desinformación, por despiste o por las prisas de la vida moderna, no ha entendido que quienes abogamos por la autonomía de Granada no somos independentistas, y donde dice independentistas no, entiende independentistas sí.

Por ello y para que resulte íntegramente despejada tal cuestión, alto y claro debe ilustrársele sobre la legítima reivindicación histórica y constitucional de que Granada y su territorio acceda a una autonomía regional propia dentro de España, como permite nuestra Constitución.

Esta legítima reivindicación nada tiene que ver con el independentismo ni con la independencia, en modo alguno deseada ni pretendida por quienes reclamamos que Granada y su Reino formen una entidad territorial autónoma, repito, dentro de España, pero fuera de Andalucía, CCAA constituida inconstitucional y antidemocráticamente, torciendo la voluntad popular del referéndum que rechazó su creación.

Esa ilegitimidad territorial de la autonomía andaluza es sólo la punta del iceberg de todas las injusticias y postergaciones que se han cometido y se siguen cometiendo con nuestra tierra desde que hace 40 años la convirtieron ilegalmente en provincia periférica de Andalucía. La lista es interminable. Por ello, es justo, legal y constitucional que Granada abogue por el Granadexit, esto es, por la salida de Granada de Andalucía, no de España, para constituirse en CCAA propia, igual que lo son Murcia, Logroño, Navarra, Asturias o Madrid, y no tiene Granada precisamente menos derechos territoriales históricos que estas autonomías, antes al contrario, hemos tenido entidad territorial autónoma propia durante muchos siglos.

Cada día más granadinos queremos el Granadexit. Es un hecho objetivo que Andalucía no nos ha dado nada, sólo el mérito de la preterición sistemática de todos sus gobiernos, ora socialistas, ora no socialistas. Por ello no es de extrañar que ese sentimiento granadino de relegación, constante a través de décadas, se cristalice en el Granadexit, en el deseo de liberarnos de las cadenas de Andalucía, accediendo en régimen de igualdad con otros territorios de España a la autonomía propia, con la consiguiente gestión autónoma de nuestros propios intereses, para no seguir arbitrariamente gobernados desde la Junta andaluza, que sólo colma de parabienes a su privilegiada niña bonita mientras Granada es descaradamente preterida, postergada y ninguneada, con el silencio cómplice de nuestros políticos.

Por ello, alto y claro, Granada necesita el Granadexit para salir de Andalucía, nunca de España.

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