Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Amenazas extremistas

Ni Sánchez puede aceptar tesis independentistas ni la derecha andaluza la exigencia de Vox sobre la violencia de género

Se ha dicho que los extremos se tocan. Al comenzar el año hay dos asuntos importantes, a nivel regional y nacional, que ocuparán el pedestal político. En los dos tienen protagonismo partidos extremistas que, al final, acaban pareciéndose en sus actitudes, aunque sus propósitos estén en las antípodas. Me refiero a dos bloques antagónicos, pero coincidentes en sus formas: el aparecido en la tragicomedia española, Vox, y los ya conocidos ultranacionalistas racistas y xenófobos que llevan a Cataluña al abismo. Uno pugna por coger la bandera más grande de la unidad española y los otros la más voluminosa estelada de la imposible república bananera de Cataluña. Unos y otros son peligrosos compañeros de viaje. Vox, convertido en árbitro del cambio político en Andalucía, pone ya líneas rojas para que la derecha acabe con casi cuatro décadas de los que ellos llaman 'régimen' socialista. Piden para apoyar ese cambio algo deleznable: suprimir las ayudas a las leyes de violencia de género. En un país en el que el machismo criminal ha causado centenares de víctimas mortales, mujeres y niños, infinidad de violaciones y agresiones sexuales, no puede poner en primer lugar esas vomitivas líneas que ningún partido con un mínimo concepto de Estado puede asumir. Ni Sánchez puede aceptar las tesis independentistas -aunque, por ahora, sus socios le permitan abusar de los falcon para sus viajes particulares, en vez de utilizar trenes extremeños o granadinos que o no llegan o no existen- ni la derecha andaluza la exigencia de Vox sobre la violencia de género.

Preocupa que el año que comienza vaya a estar presidido por extremismos de cualquier género. Y que acabe intoxicando a los grupos que se suponían moderados para mantenerse o conseguir el poder, a cuyo precio me refería la pasada semana. Hay ejemplos, no por ridículos, menos preocupantes: la lucha por la bandera española -que debería ser un símbolo de todos- en la fiesta de la Toma de Granada que, hace tiempo, ha dejado de ser un simple espectáculo familiar -que por cierto revalorizó un ayuntamiento socialista- para convertirse en una guerrilla de símbolos y disputas sobre un importante hecho histórico irreversible ocurrido hace más de medio milenio.

La idea que espero prevalezca en 2019 es que los verdaderos problemas -paro desigualdad, pobreza, violencia, en todas sus caras- no sean engullidos por otros que ahonden en la división de los españoles, fuera de la riqueza de una variedad reconocida en la Constitución que nos dimos hace 40 años. Hoy, le pediríamos a los Reyes Magos, en los que creen hasta los enemigos de la monarquía, les trajeran un poco de cordura a nuestra clase política. Aunque hayan cerrado las minas estamos hartos de tanto carbón.

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