Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

Andalucía 2021

Cuando un pueblo goza de una idiosincrasia propia, como Granada, es difícil que acepte una ideología ajena

No hay más que oír la particular interpretación del himno andaluz por el linarense Raphael el pasado 28-F, para reafirmar que el andalucismo real no existe y que es sólo un producto de marketing de la Junta andaluza para intentar convencer a los habitantes de la mal llamada Andalucía de que la identidad andaluza es auténtica.

Nada más lejos de la realidad. Este folclorismo imaginario e imaginado por el iluminado Blas Infante y exprimido hasta la extenuación desde hace 41 años por el socialismo sevillanista y ahora por PP+Cs no ha calado porque, a pesar del patente adoctrinamiento que padecemos desde entonces, no han conseguido que nos sintamos andaluces. Lo que sí es real es que el andalucismo no ha arraigado entre los granadinos ni en sus territorios históricos.

La construcción teórica de ideologías nacionalistas que parten de fundamentos y premisas absolutamente falsos no conectan con sociedades que emocionalmente se encuentran ajenas al proceso educacional-nacionalista. Ni con la personalidad ni con el espíritu de sus ciudadanos.

Cuando un pueblo, como el de la región de Granada, goza de una idiosincrasia propia, posee una historia singular y una estructura secular territorial, administrativa, judicial, militar e institucional distinta de la de Andalucía, es difícil que sus ciudadanos acepten como propia una ideología que les es ajena.

A los granadinos nos ha sucedido eso, y ni nos sentimos andaluces ni tampoco nos identificamos con ninguno de los pilares del andalucismo imaginario: territorio, símbolos, folclore o estereotipos. Pero el proceso de implantación artificial de una ideología nacionalista produce una gran frustración, como es la que sentimos los granadinos, atrapados en esta Andalucía irreal e inventada.

Ya lo dijeron los catedráticos Domínguez Ortiz (hasta 1833 Andalucía no fue nunca una circunscripción con entidad propia) y García Oviedo ("Las dos Andalucías -oriental y occidental- no están capacitadas para entenderse. Carecen de las necesarias relaciones materiales y de afectividad", ABC Sevilla 9-12-1932); Ganivet ("Andalucía políticamente no es nada"), Pi y Margall, López Ontiveros…

El "fraguismo" intentó identificar al typical spanish con un typical andaluz, encarnado en el prototipo sevillano, intentona pérfidamente continuada por la Andalucía irreal de la dinastía socialista y ahora por el Bonillismo recentralizador.

A pesar de tantos esfuerzos por implantar esa patria inventada, la verdadera Andalucía de 2021 es la del desconocimiento de sus falsos atributos, que se lo pregunten a Raphael…

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