Rosa de los vientos

Pilar Bensusan

bensusan@ugr.es

Andalucistas de salón

¿Cómo puede ser padre de ninguna "patria andaluza" un escindista que cuestionaba la existencia de España?

Al hilo de la celebración del 83 aniversario de la muerte de Blas Infante y del tuit del Parlamento Andaluz que ha incendiado al marqués de Galapagar y a Teresa Rodríguez por referirse al "fallecimiento por fusilamiento" del "Padre de la Patria Andaluza", lo que, a su entender, implica una falta de respeto a las víctimas del franquismo y a la historia de Andalucía (¿?), deberíamos reflexionar sobre tantos andalucistas de salón.

Porque quienes desde las instituciones usan a Infante como padre de una supuesta y falsa patria andaluza, que ni existe ni casi nadie la siente como tal, lo hacen sólo por interés, porque el ritual a este ídolo creado les refuerza en sus sillones de andalucistas de salón, y porque es cool presumir de devoción impostada a ficciones ideadas. Y es que todo vale para conservar el estatus político, aunque la realidad de la calle esté a años luz de sus loores y tributos a un ídolo de barro que el pueblo ni siente ni comparte.

Infante era un separatista convencido que propugnaba el Estado libre de Andalucía como entidad escindida de España y cercana al mundo islámico, a cuya religión parece que incluso se convirtió, y que soñaba con que su falsa Andalucía fuese musulmana.

Religiones aparte -es otro debate-, ¿cómo puede ser padre de ninguna "patria andaluza" un escindista convencido que cuestionaba la existencia de España? Al igual que Companys -a quien visitó en la cárcel-, era contrario a la idea de España. Que desde las instituciones quieran convertirlo en referente de los españoles nacidos en el sur que, por encima de connotaciones andaluzas, se sienten españoles, es indignante, y que PP y Cs colaboren en blanquear la imagen de quien no fue padre de ninguna patria, es intolerable.

Su único logro, aparte de sus delirantes escritos, fue la fracasada Asamblea de Córdoba de 1933 para elaborar un estatuto de autonomía andaluz, en la que los representantes de Granada, Almería, Jaén -que no son Andalucía- y Huelva literalmente se fueron y los de Málaga se abstuvieron. Es decir, su único logro para la historia fue poner de manifiesto que Andalucía no existe y que aquí nadie la siente como él pretendía: ni su territorio, ni su bandera -la del Betis-, ni su himno, ni esa "realidad racional" que nunca ha existido, ni esa conciencia de ser andaluz con la que llevan intentando adoctrinarnos desde 1981, desde el pucherazo que no hizo más que corroborar la farsa de esta quimera andaluza, mantenida por los andalucistas de salón para su propio beneficio.

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