En tránsito

Año aciago

En este año aciago, ¿ha habido algo más luminoso que las primeras ancianas que se han vacunado contra el Covid?

Este año aciago se va con un discurso aciago de un presidente del Gobierno aciago que promete una medida aciaga. Lo mejor es no mentarlo siquiera y hacer como que no existe, que es la única opción saludable cuando se vive una circunstancia así. La gran Anna Ajmátova creía que en Rusia sólo había dos posibilidades: o ser gobernados por un César cruel o ser gobernados por un César más benévolo que al menos no mandaba a sus súbditos al matadero. A nosotros nos ha tocado otro tipo de César: el que se dedica a hacer propaganda con cada uno de sus actos porque es lo único que sabe hacer: engañar y engañar para perpetuarse en el poder al precio que sea. Pero ya le estamos dedicando demasiado tiempo. Está a punto de terminar el año. Cambiemos de tema y hablemos de algo más luminoso.

¿Y hay algo más luminoso que las primeras ancianas que se han vacunado contra el Covid? Las más jóvenes tenían 85 años y la mayor, Araceli Hidalgo, tenía 96. A todas las hemos visto vacunarse sin miedo alguno, pese a que han circulado toda clase de teorías apocalípticas relacionadas con las vacunas y se han dicho todo tipo de estupideces. Pero estas mujeres se han dejado pinchar con una envidiable serenidad. En cierta forma no tiene nada de raro. Estas mujeres nacieron antes de la República, vivieron la guerra civil y la posguerra y tuvieron que presenciar cosas que ninguno de nosotros podría imaginarse. Araceli Hidalgo creció en una familia muy pobre de Guadix -eran veinte hermanos- y tuvo que sobrevivir limpiando casas. Pero al verla tan tranquila en su silla de ruedas mientras le ponían la inyección, nadie diría que tuvo que soportar una vida que ninguno de nosotros podría resistir ni medio año, sobre todo en los tiempos de su juventud. Cuando le pusieron la inyección exclamó "Gracias a Dios", y los idiotas habituales se metieron con ella por no haber gritado "Gracias a los científicos" o "Gracias a Pedro Sánchez". Así somos.

En Mallorca, la primera vacunada -de 94 años-, dijo que estaba muy bien y muy tranquila, pero que echaba mucho de menos a su marido recién fallecido. "Mi marido se me ha ido hace poco, no le olvidaré nunca, nos compenetrábamos, nos llevábamos como dos rosas". Les dejo con estas hermosas palabras de una mujer admirable para encarar el año que empieza, con la esperanza de que sea algo menos aciago que el año que ahora llega a su fin.

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