La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

Anticampaña

Llámenme iluso, pero creo en un ejercicio de responsabilidad de las dos fuerzas políticas mayoritarias. Utopías traigo

Hemos de temernos que el próximo 11-N los partidos políticos van a seguir culpando a los votantes por no votar mayorías de desbloqueo, a gusto de quien se queje. Quieren decir mayoría absoluta, pero no es estratégico reconocerlo abiertamente. Prefieren el eufemismo. Demostrarán lo poco que les importa el interés general, ocupados como están en esa su endogámica costumbre de parecer no lo que más conviene al Estado sino lo que mejor viene a su liderazgo partidario.

La campaña se parece mucho a una anticampaña. Priman los mensajes en contra más que los argumentos a favor. Los partidos parecen convencidos de que nos deben engatusar odiando al rival. Votarlos a ellos para vengar el pasado, no como la mejor opción para retar con seguridad al futuro. Construyen su mensaje no para vencer con su programa, exhibiendo la bondad de sus propuestas, sino amenazando con las siete plagas si ganan los de enfrente.

Lo cotidiano nos ha enseñado que los líderes políticos españoles diseñan hiperbólicas campañas para agrandar el estruendo público más provocador y favorecer con ese ruido la movilización hacia la papeleta propia. Se dice, con razón, que los programas electorales están hechos para no leerlos. Habría que añadir también: ni para oírlos a ellos recitar sus dadivosos cuentos sin las cuentas que nos cuenten lo que cuesta, ni quien paga el coste.

Cansa verlos decir que el bloqueo siempre es culpa de otro, aunque el "no es no" cambia de bando según quien hable. No están dispuestos a exhibir cintura política y ofrecer sacrificios en el altar del constitucionalismo y que España salga reforzada para siempre. Se llama políticos de Estado. La Transición nos dejó numerosos ejemplos.

Hoy dominan los políticos de partido. Es más productivo "no meterse" en polémicas universitarias que mojarse con todas las consecuencias que obligan a un ministro. Hablan de diálogo y plurinacionalidad, pero no nos aclaran quién es nación y quien sólo es región. Tienen una vela para cada procesión.

Según los vaticinios PSOE y PP lograrán más de 220 diputados en un hemiciclo de 350. Casi dos tercios del total que, unidos, lograrían una sólida posición del Estado frente a golpistas, supremacistas y tsunamis violentos de barricada y adoquín hiperventilado. Llámenme iluso, pero creo en un ejercicio de responsabilidad de las dos fuerzas políticas mayoritarias. No están en juego carreras políticas personales, sino el futuro de la nación más antigua de Europa. Utopías traigo.

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