La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Apatía europea

El alcalde más 'apañao' tendrá las manos atadas de deudas si no nos auxilian desde Madrid o desde Europa

Se nos escapa que el domingo elegimos la representación en Europa. Lejana la percibimos pero es ahora donde se cuece lo que pasa, en última instancia, en nuestro propio barrio y hasta en nuestra propia calle o dentro de casa. Si puedes ver o no una película en internet; si emigras ya sin visado; si pueden desahuciarte de casa por impago de la hipoteca. Pero nada, nosotros a preocuparnos por cuál es el alcalde más 'apañao' para luego comprobar que, uno u otro, tendrán las manos atadas de deudas que ni saben cómo pagarán si no nos auxilian desde Madrid y, en última instancia, desde Europa.

Es cuando sales de vacaciones -ya sin roaming-, al mundo mundial, a desasnarte, que te das cuenta de cómo se han reducido las distancias entre, pongamos, Granada y Bruselas. Aquel triste lugar es en definitiva donde se genera hoy la legislación a la que adaptamos hasta la más irrelevante de las ordenanzas municipales. Y nosotros creyéndonos libre y autónomos, locales, mirándonos ese enorme-inmenso ombligo que tanto nos gusta para, a poco que hagamos, encontrarnos que los filtros de todo están en Sevilla, Madrid y... Bruselas.

Claro que allí se manejan en varios idiomas; y tienen visión global y gobiernan (cada vez con más detalle) desde Polonia al Peloponeso, del cabo de San Antonio hasta Caen. Y se nota: te coges el coche y, sin cambiar de moneda ni parar en frontera alguna, puedes irte de un extremo al otro de este gran continente por autopistas financiadas por aquel gobierno supranacional que ya se plantea hasta un ejército común que controle fronteras a las que llaman a las puertas, por Lampedusa o Tarifa, las masas de desesperados aspirantes al bienestar alcanzado.

No hay marcha atrás. Para España, Europa supuso dejar atrás esa caverna que, inevitablemente, vuelve a salir una y otra vez a la palestra desde la izquierda y la derecha, desde el centro o la periferia. Porque somos distintos por viscerales y cainitas, pero lo europeo nos matiza tanta sed de sangre del adversario, sea político, comercial o vecino del barrio. Lo hispano ganó con la ampliación a base de mandar y recibir erasmus de fiesta/orgía o fondos para carreteras.

Por eso, cuando votemos, pensemos también qué Europa queremos. Porque los bucéfalos de China o USA deben tener su justa réplica.

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