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Apocalíptico integrado

Don Pedro se nos muestra, con permiso de Eco, como un apocalíptico muy bien integrado

No parece particularmente juicioso que, a pocas horas de las manifestaciones del 8-M, todas ellas felizmente exitosas y pacíficas, salvo la miserable agresión a las mujeres de Cs, no parece, digo, muy acertado, que el Gobierno decretara un estado de semialerta, nada más felicitarse por el triunfo del feminismo, y cuyas consecuencias más inmediatas han sido la propagación del estupor y el miedo. Algunos comercios de Madrid y Vitoria se quedaron el lunes sin existencias, tal como había ocurrido ya en Italia tras una paralización masiva del país. De modo que la pregunta que se nos plantea, incluso tras las explicaciones del ministro Illa, es por qué don Pedro Sánchez, que ya sabía lo que iba a hacer a primera hora del lunes, dejó que la población española se echara a las calles el domingo.

El único motivo plausible es el de la conveniencia política. Sin embargo, una politesse algo más refinada y mucho más sensata hubiera impedido al señor Sánchez vincular, siquiera accidentalmente, un homenaje al feminismo con la propagación de una enfermedad infecciosa. Ocurre así que don Pedro se nos muestra, con permiso de Eco, como un apocalíptico muy bien integrado, que pasa de la normalidad a la alarma con una extraordinaria y elástica soltura. Asunto bien distinto son los costes políticos que tendrá para su Gobierno esta acción innecesaria y acaso irresponsable. Costes que no son, obviamente, los que ahora mismo nos importan. Aun así, no dudamos de que don Pedro Sánchez haga lo necesario para proteger a la ciudadanía de esta peste posmoderna que hoy nos aflige. Pero tampoco de su interesado silencio dominical, permitiendo manifestaciones que no ayudaban mucho a la contención del virus.

De hecho, en cuanto se extrajo el rédito esperado al 8-M, don Pedro Sánchez se presentó vestido de capitán de corbeta para salvar a un barco que zozobra. De modo que la pregunta oportuna vuelve a ser la misma. Y con mayor motivo tras las comparecencias de ayer: desde cuándo conocía el señor Presidente los peligros que, según parece, nos acechaban con tanta voracidad y urgencia; y por qué no arbitró medidas que evitaran esta situación de alarma. En definitiva, quién de los dos se equivocaba, ¿el integrado señor Sánchez del domingo o el don Pedro apocalíptico del lunes? Por sospechar, uno sospecha que se equivocaron ambos, y que esta crasa prestidigitación del Presidente no va a ser inocua para nadie. Tampoco, lógicamente, para él mismo.

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