Balsas de piedra

ANTONIO DAPONTE

Ayuden a los niños

Si se mantienen abiertos los colegios, qué sentido tiene pretender que no lo hagan los ambientes exteriores

Estamos en primavera, ha comenzado el buen tiempo y podemos disfrutar plenamente de la calle, de huertos y jardines, en definitiva, de nuestro ambiente exterior. En nuestras actuales circunstancias, además, pasar tiempo fuera reduce el riesgo de contraer o transmitir el coronavirus. Por esto, hace unos días, un grupo de científicos y profesionales españoles recomendaban encarecidamente a los gobiernos de todos los niveles mantener los parques y jardines abiertos, y promover actividades al aire libre, como hacen muchos países.

La evidencia científica señala que el riesgo de contagiarse en el exterior es al menos veinte veces menor que la probabilidad de hacerlo en el interior, es decir muy bajo. Y esto se debe a que el medio principal de propagación del coronavirus son los aerosoles, la nube de partículas de virus que las personas infectadas emiten al hablar, toser, o gritar. En ambientes interiores esta nube puede mantenerse en suspensión en el aire durante horas. Por ello, mantener ventiladas las estancias domésticas, laborales o escolares es la principal medida de protección colectiva frente al Covid-19.

Además, nuestro clima permite realizar muchas actividades en el exterior, reduciendo las de interior, que son las más peligrosas, constituyendo una clara ventaja para combatir esta pandemia. Así que el cierre de parques y jardines, como está decretado en Andalucía, es absurdo. Si se mantienen abiertos los colegios, a los que acuden diariamente niños y niñas a mezclarse entre ellos y con los adultos que les enseñan, qué sentido tiene pretender que no lo hagan en ambientes exteriores, donde el riesgo es mínimo.

Para los adultos, el año que llevamos de encierro ha sido duro, dependiendo de las circunstancias de cada cual. Pero los adultos ya están formados y tienen recursos físicos, psicológicos, emocionales y sociales para gestionar las consecuencias de la pandemia. La infancia, sin embargo, no tiene esos recursos, está "en construcción", de ahí su vulnerabilidad. Lo que significa que los sufrimientos y daños que les produce el confinamiento, físicos o mentales, les dejarán huella.

La ciencia dice que crecer sano es garantía de salud a lo largo de toda la vida, por eso organizaciones como la OMS tienen la "protección de la infancia" entre sus máximos objetivos, como madres y padres. El gobierno andaluz debería permitir la apertura de los parques y jardines por el bien de la salud de nuestra infancia.

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