La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

Ayuntamientos y pandemia

Me solidarizo con la batalla de a quienes les ha pillado la crisis del Covid-19 al frente del gobierno municipal

Me tocó lidiar con alguna crisis sobrevenida en mi etapa de alcalde. Aprendí la soledad del munícipe ante la alarma, y cómo el ayuntamiento, casa común de los vecinos, pasa a ser el consultor de todos los síntomas; la despensa del que sufre sin alimentos; el recadero; el psicólogo de cabecera; el primo de zumosol del vecino aislado o superado.

Sin duda, nada tan doloroso como la soledad de un enfermo, que añade a su aislamiento por la acción del virus, la ausencia siquiera de un tacto familiar que consuele el sufrimiento. Pero no puedo evitar pensar en quienes les ha pillado la crisis sanitaria del Covid-19 al frente del gobierno municipal. Me solidarizo con su batalla, repleta de obstáculos, emociones y sinsabores, con escasas competencias y menos recursos aún ante el reto, pero sabiéndose la primera línea de acción política, pues a esa trinchera es a donde la necesidad vecinal acude con urgencia.

No es desdeñable un gobernante municipal que sustenta en soledad consistorial su esfuerzo en el cara a cara con los vecinos, y aguanta con la fuerza exclusiva de su vocación solidaria, lo que un limbo jurídico de competencias le somete y recluye en su isla institucional, ante la realidad de una crisis sanitaria defendida sin el socorro de otras administraciones públicas.

Leo al concejal César Díaz quejarse con desesperación porque policías locales y bomberos han sido excluidos por el Gobierno central en la entrega de material de autoprotección. "Tampoco podemos comprar porque nos lo bloquea el Ministerio de Sanidad. En tierra de nadie", dice desesperado. Los agricultores, altruistas y cómplices, más que pegas, ponen su tractor al servicio de la desinfección.

Como si todas las pulgas buscaran el mismo perro, hay ayuntamientos a los que el gobierno, inoportuno, los deja con menos liquidez al descontarles hoy de la PIE, obligaciones correspondientes a liquidaciones anteriores. O la soledad de alcaldes, en su misión de control de la pandemia tras la declaración de los positivos hallados en residencias de mayores que allí se ubican. Sin respuesta material a tantas demandas, pero dando la cara ante sus vecinos, almas con lágrimas en sus ojos, y viendo impotentes cómo los recursos se reorientan sin contar con los entes locales que precisan apoyo.

La política local, otra vez, hermana pobre y olvidada del gasto público institucional. Estado de alarma, sí, pero con olvido municipal a pesar de su imprescindible importancia social.

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