Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Ayuso versus Colau

El último round entre las políticas resuelto por KO técnico ha sido el de los símbolos navideños

Cada traspié de Colau es un tanto para Ayuso. Está al quite siempre esta madrileña vivaz para salir a la palestra y convertir en victoria suya cada error de los muchos que perpetra la experta en errores catalana. Su mala gestión de toda una gran ciudad daría para un libro en plan la constancia en el error con perspectiva de género. Pero los desatinos de una trepa con barniz de izquierdas no dan ni para tomarse el trabajo de reseñar su transitorio paso por la política.

El último round resuelto por KO técnico ha sido el de los símbolos navideños. La regidora de la Ciudad Condal adorna desganada de monigotes navideños las calles del centro de su ciudad. Ni a los suyos les gusta esa reinterpretación caricaturesca del icónico belén cada diciembre. Sus Reyes Magos son mera abstracción conceptualista diseñada a la trágala por artistas sin ni pizca de fervor o candor.

Hablas con los familiares y amigos de Barcelona y te cuentan que hasta los niños están ya tristes en una ciudad que vibró de orgullo olímpico. Lo social reemplazó la alegría vital. Una marea gris-Stasi parece cubrir de hollín la otrora orgullosa alternativa al centralismo panhispánico. Ni los grajos se placen con esa urbe agria y gentrificada.

Por contra, la pizpireta reina de Madrid hasta se atreve a reivindicar la esencia cultural inevitablemente cristiana de estas fiestas sin la cual nada se entendería en una Europa construida desde la confesionalidad. Viene a decir Ayuso que sin el cristianismo y sus valores no habría ni derechos humanos, ni el bienestar y la igualdad que disfrutamos. Porque dos mil años de cristianismo no se borran sin más. Si la India no se entiende sin el hinduismo o Japón sin el sintoismo, así Europa es incomprensible sin ese pegamento espiritual que la construyó hasta ayer mismo. Negar semejante obviedad genera más conversos que las propias homilías dominicales.

Así, Ayuso se está construyendo con astucia y don de la oportunidad su escalera hacia la Moncloa. Devuelve ilusión y sentido a un país sin autoestima que, por no molestar a la minoría de la minoría, está dejando a la inmensa mayoría en un mar de malestar.

Es tan evidente el error de Colau que Ayuso sólo tiene que sacar el pintalabios y decir cuatro obviedades para llevarse a Madrid la llama de una esperanza de futuro que arrastra a empresas y capitales. Sin despeinarse casi, con naturalidad, con frescura, por Navidad.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios