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Algunos políticos, los de ahora, andan enredados con los números, o más bien se enredan con los números

Decían los griegos, los filósofos, que lo único real eran los números y que la realidad del mundo sólo está expresada en los números. Y ya desde entonces, quiero decir desde siglos antes del año uno, aparecía la queja de lo poco que sabían los adolescentes sobre cómo manejarse con los números. Al parecer aquellos griegos, los filósofos, decían que los adolescentes que vivían en las tierras del faraón eran mucho más diestros con la aritmética; algo así como los finlandeses o los coreanos de ahora cuando se publican los informes inclinados de PISA.

Platón, filósofo de aquellos años, cosechó una hecatombe cuando intento demostrar que quienes tenían que gobernar eran, precisamente los filósofos, los hombres sabios o al menos amantes de la sabiduría. Será por ello que, desde entonces, nos gobiernan los políticos.

Algunos políticos, los de ahora, andan enredados con los números, o más bien se enredan con los números; y demuestran que no se manejan muy bien con ellos y con las operaciones aritméticas más elementales. Y les voy a poner dos ejemplos, es decir, dos operaciones básicas, de esas de educación general básica para los más viejos, o sea para aquellos que según el decir de la izquierda progresista son nietos de Franco, o bien para los jóvenes que cursaron las diferentes leyes progresistas de educación y saben manejar muy bien la calculadora dado que saberse algo de memoria es una soberana estupidez. La operación básica que les propongo es la resta. Yo siempre he querido mucho a la resta, también llamada sustracción o diferencia. ¿Han pensado alguna vez los bonitos nombres que tiene esa operación?, bueno dejemos la poética matemática, un abrazo para mis amigos matemáticos, y vayamos con los ejercicios.

Ejercicio uno: restar al número 1975, el número 1939. Y ejercicio dos: restar al número 2018, el número 1982. Los nietos de Franco, sin calculadora alguna ni ábaco, saben que el resultado del ejercicio uno coincide con los años que su abuelo gobernó en España. Y los jóvenes progresistas, con la calculadora (dudo que sepan lo que es un ábaco), habrán comprobado que el resultado numérico es el mismo y que coincide con los años que ha gobernado el partido socialista en la parte más meridional de España.

A veces los números y las restas producen estas casuales coincidencias. Lo que yo no entiendo es por qué los políticos se empeñan en decir que el resultado es 40. Vale.

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