La chauna

José Torrente

torrente.j@gmail.com

Con 4 de 27

Debió entender lo que la dirección del PP le estaba diciendo, y afrontarlo. Sin intermediarios

La alcaldía de Luis Salvador es una cuota de poder para Ciudadanos más que un proyecto consensuado. Su derrota electoral, paradojas tengo, termina en victoria presidencial. Cs puso la ansiedad del exsocialista por encima de los pactos. Ya tocaba tener poder. Presidir Granada parece excesivo premio para tan escaso aporte ciudadano: 4 concejales de los 27 del plenario. Si entonces arreaban estopa a Paco Cuenca por gobernar sólo con ocho regidores, a ver cómo lo hacen ellos ahora que sólo tienen cuatro.

El salvado Luis se vio con los atributos de alcalde. Se le intuía extraño, desubicado con aquel rescate político. Y no se subió a la parra, sino directamente al caballo de Pérez Villalta. Negoció poco en público, pero debió gastar más eficacia en privado. Sebastián Pérez prefirió perder el tiempo en convencernos públicamente de lo magnífico que era perder elecciones y del gran resultado que fue achicar su grupo de 11 ediles, y dejarlo en 7. Aquella noche se llegó a autoproclamar alcalde. Por si colaba. Pero lo calaron.

La Gran Granada de Sebastián Pérez, más que un túnel, ha cavado su propia fosa antes de empezar a gobernar. Alguien ha usado al PP granadino como objeto de intercambio más que para lograr un pacto por el cambio. Y también para abrirle la puerta de salida a su derrotado candidato, con despedida, abracico y cierre, y un gracias por los servicios prestados. Que Marifrán calienta banquillo.

Tanto prometer que Granada sería lo primero, para acabar usándola como contrapartida de sueños ajenos. Gobernar Córdoba y Málaga por los populares exigía el precio del sacrificio del PP granadino. Y de paso, aprovechar una oportunidad pintiparada para invitar al nominado Sebas, cautivo de su historia y de sus resultados, a conjugar en primera persona el verbo dimitir. Él, que desde la misma noche del 26-M se jactaba de ser el próximo alcalde, fue humillado a las puertas del cielo.

Sebastián Pérez como víctima de su propio maquiavélico estilo. Capacitado como está para leer las entrelíneas de la política, debió entender lo que la dirección del PP le estaba diciendo, y afrontarlo. Sin mensajes encriptados ni intermediarios. Verá que para su futuro político inmediato le proponen el adiós. Y que sean otros quienes conduzcan la necesaria regeneración de la cúpula popular. Navegantes distintos para parar la deriva a la que Pérez lleva al PP con sus caprichosas exclusiones, y esos negativos rencores personales que tanto achican al partido.

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