Buscando razones

josé Antonio Pérez Tapias

¿Para qué nuestro Estado?

ESTA es la pregunta que los barones del PSOE reunidos el pasado fin de semana no llegaron a responder. La verdad es que no se la plantearon. Pero es cuestión crucial en el punto en que se halla España, cuando se superpone una grave crisis del modelo de Estado a la crisis económica y social que tan de cabeza nos trae. Que no se formulara esa pregunta en otro tiempo, a nadie extrañaba: no se cuestiona lo que se da por obvio. Dicho orteguianamente, cuando el Estado se ve asentado, su índole entra en las creencias acerca de lo que una sociedad considera que va de suyo. Sin embargo, agrietadas las creencias respecto al Estado español, nos vemos obligados a alumbrar una nueva idea sobre el mismo. Esto es lo principal, previo a cuestiones que tienen sentido después, por mucho que tengan que ver con los bloqueos que sufre el Estado de las autonomías (composición del senado, distribución de competencias, sistema de financiación de CCAA). El desarrollo autonómico ha tocado techo y es necesario reconfigurar el Estado que salió de la Constitución de 1978 con un modelo indefinido. O se parte de premisas adecuadas o de lo contrario las conclusiones no pasarán de insuficientes propuestas de reformas queriendo resolver asuntos como el "encaje" de Cataluña en el Estado español. No hace falta ingeniería constitucional, sino un nuevo pacto constituyente.

Volviendo a Ortega, recordemos su insistencia en que el "proyecto sugestivo de vida en común" que puede aglutinar a un pueblo ha de contemplar un Estado en cuyo seno no se trata sólo de estar juntos, sino de vivir juntos "para hacer algo". De ahí la pertinencia de la pregunta de para qué el Estado español: ¿qué proyecto supone? Para el PSOE, como para los demás partidos, la cuestión es insoslayable. Y si se habla de federalismo -esto ya no lo sostenía el autor de España invertebrada- es porque sus claves de distribución del poder y reconocimiento político, de solidaridades compartidas y diferencias respetadas, permiten el proyecto de convivencia democrática que en España urge reconstruir. Por tanto, ni recentralizaciones regresivas ni secesiones indeseables, sino federalismo de verdad que conduzca a un Estado plurinacional. Al no explicitar tan indispensable objetivo, la declaración de Granada del PSOE, con sus méritos, queda corta. Sin una nueva idea del Estado en el que todos podamos vernos incluidos, este Estado no tiene futuro.

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