Ojo de pez

pablo / bujalance

El Balón de Oro

LA consecuencia más determinante de la postmodernidad es que las unanimidades son improbables. Pero hay excepciones. Ni Stanislaw Lem en su más febril disposición imaginaría una máquina capaz de contar con exactitud los millones de ojos, oídos y demás recursos anatómicos (cada uno se busca la vida con lo que puede) que estarán hoy pendientes de a quién le dan el dichoso Balón de Oro. El fútbol sigue siendo el punto y aparte: el país se puede ir al garete pero, ah, fútbol es fútbol, y aquí será mejor llevarnos bien. La felicidad de unos y el chasco de otros dependerá de qué multimillonario de corte de pelo ridículo, expresión oral incomprensible, gusto pésimo en la indumentaria y sonrisa profidén se lleve el trofeíllo a casa. Pero luego quedará la satisfacción general, venga, hombre, al fin y al cabo esto un éxito del fútbol español, aquí todos ganan. Lo importante, al fin y al cabo, es que los modelos queden reforzados. Los futbolistas de éxito son presentados a cada minuto en las pantallas como ejemplos de superación, esfuerzo y capacidad de cumplir los sueños propios, aunque luego no muestren precisamente mucho interés en cultivarse. Y sí, no seré yo quien niegue que tales estrellas juegan divinamente. Pero es que hay otra gente que se dedica a otras cosas. Y aquí los modelos son bastantes menos.

El argumento es igualmente común. La actual generación de futbolistas españoles es la mejor de la historia. Ganaron un Mundial, no lo olviden. Y el resto de los mejores futbolistas del mundo juegan en la liga española. De modo que, mientras el país se ahoga sin salida aparente, conviene meter a estos chicos hasta en los botes de champú para levantar la moral de las tropas. Por eso al fútbol se le aplica un IVA del 10% mientras que el del cine y el teatro asciende al 21%. Así es como este país entiende la parábola evangélica de los talentos. No importa que haya músicos españoles en las mejores orquestas del mundo, ni directores de escena triunfando en Londres, ni investigadores pioneros acogidos en las universidades americanas después de que aquí les hayan negado las miserables becas de costumbre. El fútbol es un modelo eficaz, y la España que consagra a Belén Esteban como su escritora más leída lo da por bueno. Ya sabemos qué podemos esperar del futuro.

Por eso, muchos de los que piden la crucifixión para la infanta callan cuando el escándalo le estalla a un futbolista. Pero el mismo fútbol también ha perdido lo suyo: el viejo amor a los equipos ha quedado sustituida por esta estupidez parecida a la alienación. Que gane el mejor, se dice.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios