Cambia, todo cambia

Bin Laden otra vez

No podemos olvidar que el desmadre municipal fue una de las causas de la burbuja inmobiliaria y la corrupción

Las derechas van a exprimir sin tregua la Doctrina de la Covid-19 (variante vírica de la Doctrina del Shock). Con el mundo entero atemorizado por las consecuencias de la pandemia, y con todo el país confinado en sus casas, el gobierno andaluz aprobó con alevosía el mega-Decreto 2/2020 con el que supuestamente pretende fomentar la actividad productiva. Sin embargo, siguiendo recetas neoliberales claramente fracasadas, el decreto desmantela numerosos avances en materia urbanística y ambiental que nos acercaban a Europa. Con la excusa de simplificar trámites, entre otras muchas medidas, limitan la participación pública y transfieren a los ayuntamientos trámites que hasta ahora realizaba la administración autonómica. El desmadre municipal fue una de las causas de la burbuja inmobiliaria y la corrupción que destruyeron una parte importante de nuestros territorios y posteriormente toda la economía del país en la década pasada. Este proceso degeneró tanto que quienes nos dedicamos a la planificación llegamos a cuestionar la autonomía municipal, al tiempo que la mayoría de la población aprobó la intervención del Ayuntamiento de Marbella cuyo gobierno acabó en prisión como puede ocurrir con el de Torres Hurtado en Granada.

Y es que las bondades de una administración municipal cercana se transformaban en graves inconvenientes cuando aparecían los grandes poderes económicos que amenazaban o sobre todo compraban a los gobiernos municipales con aquellos billetes de 500 euros que curiosamente se concentraban en España. Los llamados "Bin Laden" que la mayoría nunca vimos permanecían en oscuros maletines que los corruptos utilizaban para aprovechar la inmoralidad de algunos políticos y técnicos. Recuerdo cómo en un pequeño municipio gobernado por jóvenes idealistas sin tacha alguna tenían como norma que a las reuniones sobre urbanismo o contratos públicos asistieran al menos dos ediles, limitando así la capacidad persuasiva de los corruptores. Fue una medida eficaz que confirma la necesidad de un incremento del control frente al interés desregulatorio de las derechas andaluzas. Los bienes comunes que como su propio nombre indica pertenecen a toda la ciudadanía necesitan regulaciones y administraciones eficaces que eviten su destrucción en beneficio de unos pocos. Por ejemplo los suelos fértiles deben producir alimentos en lugar de ser ocupados por las urbanizaciones o los campos de golf fomentados por el Decreto 2/2020. Si no controlamos cómo los ayuntamientos deciden sobre cuestiones estratégicas corremos el riesgo de perder para siempre unos bienes comunes fundamentales para afrontar las crisis que nos esperan en este siglo.

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