Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Boicot patriota

Ha destapado la inmensa carencia de talento de un filme que por ser su autor un bocazas se ha ido a la ruina

La mejor manera que tiene una obra de arte de contestar a un boicot político es la fuerza de su arte. Lo digo por Trueba y su reina incomprendida, según dice. No es el único. Ciudadano Kane y otras cientos de películas, libros y autores han sufrido el boicot de banderías políticas, pero salieron airosas o incluso fortalecidas. Esa fuerte oposición provocó más curiosidad por ir a verlas o leerlas. Con Trueba y su reina subvencionada ha ocurrido lo contrario. El boicot ha destapado la inmensa carencia de talento de un filme comercial que por ser su autor un bocazas engreído se ha ido a la ruina. Las disculpas tardías por aquellas desafortunadas declaraciones modalidad "muerdo la mano que me da de comer porque ya puedo permitírmelo como élite cultural que soy" no gustaron. Menos aún su disculpa oportunista justo cuando veía que podían perder, el director y su peña pijo-progre, una pasta de la que, curiosamente, gran parte venían de los impuestos suyos y míos, de los españoles obligados sin que nadie nos consulte a financiar a directores que no reconocen tener nada en común con nosotros, los que les pagamos la película. Si me hubieran consultado, nunca habría aprobado patrocinar bodrios protagonizados por esa infumable aspirante a estrella llamada Penélope sin glamour, una presencia nada casual en un sector cultural lastrado de politiqueo y falto de criterio artístico tanto como de falta de conexión con un público en el que el término 'españolada' no se le borra desde el franquismo.

Somos legión los que cambiamos de sala por el simple hecho de ver autores y actores españoles en el cartel. Es un prejuicio sí, pero nacido de la pésima experiencia acumulada con películas carentes de garra y contenido. Amenábar, Almodóvar, Buñuel, Bardem, Berlanga o Saura son la excepción a un modelo triste que no superó el listón de Los bingueros, encasquillado en el revisionismo histórico, las actuaciones sin matices ni relieve del estilo de Pe, tan sobrevalorada como anodina.

Poco hubiera importado el boicot de toreros patriotas si la peli no fuera más que un refrito para hacer caja. Y eso, el no hacer caja, es lo que de verdad temía este director que, bueno, casi mejor que se nacionalice francés. Allí aprenderá un poco de cine o al menos a no ser tan bocazas.

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