Quousque tamdem

Luis Chacón

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Cacao Maravillao

El mayor problema del marketing, tanto en la política como en la empresa, está en tomar la parte por el todo

Al padre José de Tremblay, consejero áulico del cardenal Richelieu, le apodaron como la eminencia gris. Eminencia porque sin haber recibido nunca la birreta era el alter ego de su mentor y gris por el color de su hábito franciscano. Siempre ha habido, antes y después de Richelieu y el padre José, gobernantes que apoyados en consejeros poco escrupulosos, han buscado más permanecer en el poder que ejercerlo con eficiencia. Lo de beneficiar a los gobernados ya ni se les ocurre planteárselo. Y como escribió el poeta Ross Wallace, "la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo". El presidente del gobierno cuenta, sin ser Richelieu -y colijo que sin la capacidad de llegar nunca a serlo- con su propia eminencia gris, el consultor Iván Redondo, conocido por haber llevado al señor Monago a la presidencia de Extremadura tras decenios de gobierno socialista.

No es novedoso aplicar el marketing estratégico a la política. La chaqueta de pana del Felipe de la Transición, el "váyase, señor Gónzalez" de Aznar o la "Zeja" de Zapatero son ejemplos de ello. Pero gobernar a golpe de intuición o de análisis -¡vaya usted a saber!- de un consultor resulta muy arriesgado. Sobre todo porque el marketing solo es efectivo si controlas sus cuatro variables básicas: producto, precio, comunicación y distribución. Las conocidas, por sus siglas en inglés, 4P del marketing que todo estudiante de empresariales se acaba aprendiendo de carrerilla. Si nadie conoce el producto, es prohibitivo por su precio o no llega al consumidor, es imposible venderlo. El mayor problema del marketing, tanto en la política como en la empresa, está en tomar la parte por el todo. En particular cuando lo confundes con la mera comunicación. O peor aún con las relaciones públicas. La sugestión dura poco y si la primera vez que te engañan no tienes culpa, en la segunda eres el único culpable. La imagen es fundamental. Pero si no hay producto, el marketing no puede crearlo de la nada.

Por todo ello, este gobierno me recuerda cada vez más a las esculturales bailarinas brasileñas que de la mano de Emilio Aragón, popularizaron el Cacao Maravillao en las noches finiseculares y hoy políticamente incorrectas del Vip Noche de Tele 5. Plumas, ritmo y sensualidad que combinadas con una cancioncilla simplona que todos tarareábamos alababan las maravillosas cualidades de un cacao inexistente que nunca llenó nuestras tazas.

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