La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Cainismo podemita

Hay dolor en 'Pudimos'. No queda ni uno de los fundadores en seis años. Crecer, madurar, duele

Que Podemos era flor de un día y que su ascenso y ocaso ha sido como la estela de un cohete de feria es algo que se va constatando. Improvisación y falta de madurez y una actitud tan chulesca como adolescente ha servido en bandeja este gran fiasco de la política del siglo XXI en el que una peña de colegas se montó un chiringuito a partir de un cocktail montado con retales de ideologías (la revolución bolivariana; cierto marxismo descafeinado de tinte trotskista reflejado en círculos tipo las células comunistas; un barniz modernillo de esa transversalidad que tanto vende; algo de goebbelismo con sello de La Tuerka; adornos hippies del 15-M; y mucha retórica hueca de bareto universitario) pero con unos cimientos débiles y faltos de maduración en las lecturas y los afectos, sobre todo en la cosa afectiva, más aún cuando las personas se entregan en cuerpo y alma a un proyecto.

Es en esto último donde en Podemos han pasado de la adolescencia de los primeros hervores a la madurez de los escaños y sus sinsabores. Rodeando el Congreso con tirachinas todos eran amiguetes ante el enemigo común, ese sistema malo-malísimo que había que derribar para sustituirlo por una democracia directa sin castas tan incómodas como sus instituciones. Pero, ya dentro del Congreso, con casoplones-dachas y permisos de paternidad por blindar, ay, entonces ya había que premiar los egos. Qué difícil.

Iglesias: no se estudia política viendo Juego de Tronos. Hay que sufrirla perdiendo trozos de corazón por el camino. Iglesias se duele: su delfín del alma se rebela yéndose a casa de la abuelita Carmena harto de que el señorito examigo se desprestigie tirando de las maneras que fueron bandera enemiga en la lucha en la trinchera. A Iglesias le ha tumbado más la estética que la ética. La mujer del César no solo debe ser honesta, sino además parecerlo. Pero el marqués de Galapagar se olvidó de que en política las formas son tan relevantes como los contenidos. O más, está a la vista.

Hay dolor en 'Pudimos'. No queda ni uno de los fundadores en seis años. Crecer, madurar, duele. Y puede que ni llegues. Dejar el mundo de peterpanes tiene un precio y en este caso tan vulgar como cambiar el dicho de 'El pueblo unido jamás será vencido' por el tan prosaico y antiguo aquel del 'Casado, casa quiere'.

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