El niño del rollo

Calle Ángel Ganivet

Gentes de Granada: si de verdad queréis homenajear a Ganivet dadle su nombre a otra calle

La Junta de Andalucía ha suspendido las clases en la Universidad de Granada. Un comerciante perjudicado por la decisión declaraba a este periódico: "Quizá el problema esté en Ángel Ganivet".

Granada ha tratado tan mal la memoria de Ganivet que ya solo nos falta echarle la culpa de la pandemia. Su monumento en los bosques de la Alhambra, recuerda Pozo Felguera, lo acabaron pagando Natalio Rivas y el Centro Artístico, dada la escasa respuesta de la ciudadanía a la suscripción popular. Cuando el cadáver del escritor vino desde Riga a Granada en 1925, la ciudad acudió en masa a su segundo entierro pero no aportó con tanto entusiasmo los chavicos necesarios para el proyectado mausoleo; así que Ganivet yace en el cementerio de San José bajo una modesta lápida. Quizá para compensar al escritor por su carencia de mausoleo, la calle Ganivet, inaugurada por Franco en 1943, es una calle lapidaria y gris, flanqueada por unos soportales neo-imperiales y unos maceteros gigantes de porte funerario. A pesar de ello, en la calle han proliferado alegres locales de ocio nocturno, lo que ilustra una vez más las tragaderas estéticas del granadino medio.

A la puerta de esos locales se amontonaba la otra noche un bullicioso y apretado grupo de gente sin mascarilla. El vídeo de esta escena y otras situaciones nocturnas protagonizadas por jóvenes han animado a la Junta a cerrar las aulas universitarias. El alcalde, Nuestro Salvador, justifica la decisión diciendo que "hay que dar un toque de atención a los jóvenes". Sin embargo, Nuestro Salvador no explica por qué hay que dar el toque de atención a los jóvenes que juiciosamente estudian en la facultad a Ganivet, entre otros temas, y no a quienes, jóvenes o no, la lían en los locales de Ganivet sin preguntarse quién era este.

La Junta y Nuestro Salvador quieren seguramente contentar a un sector de sus votantes que ya ha emitido su veredicto: la culpa de esta segunda ola la tienen los estudiantes. Pero, al mismo tiempo, no se atreven a molestar a los hosteleros, que tienen entre sus clientes a esos mismos estudiantes. La solución es cerrar la Universidad y decir que se ha hecho algo, aunque no sirva para nada. Pues la verdadera solución tendría más que ver con el ocio que con las aulas.

Tiene razón, pues, el comerciante cuando apunta: "Quizá el problema esté en Ángel Ganivet". Gentes de Granada: si de verdad queréis homenajear a Ganivet dadle su nombre a otra calle.

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