Cambia, todo cambia

Camina la infancia

Si turistas en edad de jubilación pueden andar por nuestra ciudad, ¿por qué no lo pueden hacer niños y niñas?

Anadie se le escapa que Granada tiene un grave problema de movilidad que supone importantes perjuicios para una ciudad que por su tamaño debería ser mucho más habitable. Los miles de motores que diariamente rugen en nuestra ciudad junto con una orografía desfavorable para la dispersión de los gases nos sitúan entre las urbes más contaminadas del país, al nivel de las grandes capitales.

Una parte de este tráfico está vinculada con el transporte escolar, ya sean los autobuses de cada centro o los coches que algunas familias utilizan para llevar a sus criaturas a la escuela. El caso del Realejo es paradigmático, ya que el paso de los buses de los colegios concertados colapsa las principales arterias del barrio durante una fracción importante de la mañana.

Aunque hay cuestiones estructurales difíciles de cambiar rápidamente en un Área Metropolitana dispersa como la nuestra (y como tantas otras), desde el Ayuntamiento de la capital se podrían haber tomado hace tiempo medidas que cambiarían sustancialmente la manera en que se mueven los niños y las niñas en la ciudad.

Una de ellas es facilitar paradas donde los buses escolares (e incluso los vehículos privados) pudieran dejar al alumnado de los centros cercanos. Una vez allí, cada grupo iría caminando a su centro con acompañantes que cuidarían de que no les ocurriera nada. En el Realejo y en el centro, con alguna pequeña adaptación, se podrían utilizar las paradas que ya cumplen la misma función para los autobuses turísticos. Si turistas en edad de jubilación pueden andar por nuestra ciudad, ¿por qué no lo pueden hacer los niños y niñas que acuden a los colegios del centro?.

Los beneficios serían innumerables. No sólo se reduciría el tráfico y la contaminación, sino que también mejoraría la salud de nuestra infancia, entre otras cosas porque mitigaría la epidemia de obesidad que les afecta. Y además, según ha estudiado la profesora de la UGR Palma Chillón, el hecho de que los niños y las niñas vayan al colegio andando, en patín o en bicicleta implica una mejora en su rendimiento escolar, algo que también preocupa mucho en nuestro país. Esto es debido a que el ejercicio desarrollado en la movilidad activa supone que lleguen a la escuela en mejores condiciones físicas y mentales para el aprendizaje.

La solución es por tanto mucho más sencilla de lo que parece y para obtener todos estos beneficios sólo hace falta que el alcalde tome por fin la decisión de que se llenen nuestras calles de niños y niñas, que sin duda alguna son lo mejor que tenemos en Granada.

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