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Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Cantos de sirena

Lo más lamentable no está en que se falseen datos sino la naturalidad con la que se difunden

No sé si serán asiduos de las redes sociales. Igual les resultan extrañas o anodinas. Pero permiten tomar cierto pulso social y comprobar cómo hay extendidas demasiadas ideas que en otras circunstancias nos parecerían delirantes. Viene esto a colación de una curiosa encuesta con la que me topé hace unos días. Este tipo de consultas no soportarían el más mínimo análisis científico, fuera sociológico o estadístico. Pero insisto en que resultan interesantes. El planteamiento era este: de pequeño veraneaba un mes con mis padres, ya mayor podía pagarme quince días, luego cinco y este año no puedo salir. Y se finalizaba, antes de preguntar por las vacaciones de los demás, con un contundente: este es un metadato del evidente empobrecimiento de la sociedad española.

Lo curioso no es que se intente rebatir con una experiencia personal la evolución económica y social de todo un país en el último medio siglo, sino que un argumento tan peregrino fuera aplaudido y jaleado como si se tratara de la tesis de un premio Nobel. Y lo realmente preocupante es la cantidad de jóvenes a los que la soflama les pareció convincente. Se ve que aquellos interminables viajes -"adelante, hombre del seiscientos, la carretera nacional es tuya"- amenizados por Carrusel Deportivo y Perlita de Huelva cantando "precaución, amigo conductor", eran signo de riqueza y modernidad si los comparamos con el trasiego actual de nuestras autovías y aeropuertos. O que pasar un mes en la casa del pueblo evidencie mayor riqueza que viajar una semana por Europa. Resulta triste que los nietos de los emigrantes a los que cantaba Valderrama -"Adiós mi España quería, tan dentro del alma te llevo metía"- crean que viven en un país pobre mientras pasean de Erasmus las mismas calles que sus abuelos recorrieron con una maleta de cartón, el corazón encogido y la ilusión por ahorrar algunos marcos para volver a España, como cantaba Carlos Cano del pobre Salustiano.

Lo más lamentable de todo no está en que se falseen datos con intereses políticos sino la naturalidad con la que se difunden, incluso cuando se miente de modo flagrante. Llama la atención la ausencia de crítica y la asunción borreguil de la mentira. No hubo un momento mejor en el pasado de España. Nunca. Por eso es triste y preocupante que una generación nacida en democracia, educada en libertad y criada en la abundancia se deje engatusar por infames cantos de sirena.

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