La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Capitalidad cultural

La ciudad carece de una industria cultural más allá de los intentos bienintencionados de los cuatro colegas

Anuncian los nuevos dirigentes del Ayuntamiento que vamos de nuevo a por la capitalidad cultural para 2031. Se alegra uno siempre, no faltaba más, de todos los empeños positivos para su ciudad. Pero no tanto de la falta de novedad y de realismo de las propuestas. Escasean las ideas en el mercado del politiqueo, donde se refrita todo lo consumible para dar carnaza al electorado que luego les tendrá que votar. Son ideas que dan titulares, pero difíciles de materializar si sabes, bien se sabe, que en cualquier asunto municipal te la ruina y el agujero inmenso son la tónica que nadie sabe solucionar.

Pero mira, ya puestos, pues te dejas llevar por la ilusión reprimida de tanto descontento y te lanzas a imaginar una ciudad donde lo cultural fuera motor y no marginalidad o falta de presupuesto. Una ciudad con buenas equipaciones para conciertos que entrara así en la agenda de los grandes programadores del sector. Estas cosas generan economía y, sobre todo, alegría en la ciudadanía.

Aún subido en la ilusión, y por soñar, hasta un lugar donde hubiera, qué sé yo y llámemenme lo que quieran, hasta un teatro de fuste, un gran teatro, más allá de la sala Alhambra o el medio teatro comercial para los Corpus que viene a ser el Isabel la Católica. Con programación estable y compañía en sede, en plan capital de verdad.

O, incluso, una ópera. Bueno. Eso si que sería ya descabellado. Poder ver Aída u Otelo en Granada, así, en plan gran ciudad y tal. Soñar siempre es gratis.

Pero este vuelo dura solo un ratico. Bajas enseguida de la nube y compruebas que llevan décadas con la misma cantinela, vendiendo el humo ya vendido y siempre por realizar.

Compruebas que la ciudad carece de una industria cultural más allá de los intentos bienintencionados de los cuatro colegas por montar por ejemplo editoriales o productoras de música o de espectáculos.

Más allá de lo puntual y quijotesco, falta para que todo esto sea real un ecosistema empresarial y laboral que cimente esa pretendida culturalidad.

Todo esto que menciono es obvio y sería deseable no tener siquiera que decirlo, pero hay que señalarlo para ponernos en la realidad de una ciudad donde para progresar en este terreno te tiene que marchar a capitales de verdad. Y es esa realidad la que nos recuerda lo difícil de que se fingen en Granada para alcanzar ese sueño de ser capital.

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