Crónicas Levantistas

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Carrera de relevos en la otra Zarzuela

Ferraz no deja tirado a nadie, aunque apuñale. También ocurre en el PP, ambos son partidos y hermandades

El sector andaluz de la llorería ya tiene contratados a más camareros de los que hubo en el verano previo a la pandemia. Sólo había que ajustar el mercado laboral por la parte de la patronal, mediante una ligera mejoría de los salarios y el cumplimiento de la cotización de las horas. Un coste repercutido al instante que usted habrá notado en la factura, bien por la subida de precios, bien por la merma del volumen de las croquetas. Un homenaje a las canicas. Lo que ha faltado este verano han sido nuevos políticos, que Juanma Moreno ha debido recurrir al fondo de armario del PP andaluz cuando brillantes profesionales rechazaron su invitación a participar en el Gobierno andaluz.

El pasillo entre el sector privado y la política es un estrecho camino impracticable. No sólo porque se cobre poco en relación con los puestos ejecutivos de una empresa, sino por la exposición mediática -todos los días hay monterías donde se abaten ministros, alcaldes y asesores- y por el estricto régimen de incompatibilidades que complican el regreso al mundo privado. La política es una profesión de riesgo, aunque esté compensada con algunos privilegios domésticos y con cierta estabilidad en el empleo. La oposición aprieta y los compañeros de partido asfixian, pero sin llegar a matar del todo. "Tú sabes que en esta casa no se deja tirado a nadie", me confirmó una ex dirigente socialista; Ferraz apuñala, pero lo justo. También ocurre en el PP, ambos son partidos y hermandades.

El paradigma de esto último es el Hipódromo de la Zarzuela, una empresa que, por razones mágicas, es del ámbito público al pertenecer a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, adscrita al Ministerio de Hacienda. Allí le encontró el hueco María Jesús Montero a Francisco Salazar, el ex alcalde de Montellano y hombre del primer sanchismo, el de Quico Toscano, cuando éste se conjuró con Iván Redondo para arrebatar todo el poder de Moncloa a la vicepresidencia política. Salazar salió de Moncloa, pero alguien le soplaría a Montero que el ostracismo aplicado podría tener un buen destino en la presidencia del Hipódromo.

Como Salazar es un político profesional, ha aguantado entre caballitos hasta que Pedro Sánchez se ha reconciliado con su pasado.

A Moncloa, no sólo han regresado Óscar López y Antonio Hernando, también Salazar con el cargo de secretario general de Planificación. El hueco del hipódromo no ha quedado vacante porque ha sido ocupado por la ex directora de Comunicación de Ferraz, relevada del cargo hace unas semanas.

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