Parece que ya nos hemos resignado a que España y turismo sean sinónimos. Las ciudades compiten en una carrera sin fin, y sin sentido, por ver cuál es la que consigue atraer a más turistas (los de fuera de Europa valen el doble de puntos, parece). Cualquiera diría que Granada, con uno de los conjuntos monumentales más visitados del mundo, no tendría más que sentarse y esperar, pero no. Ahora la ciudad se ha embarcado en un competición lumínica navideña para atraer a personas cual polillas. ¿Qué será lo siguiente? Esperemos que al menos podamos echarnos unas risas.

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