manuela MARTÍNEZ

Carta abierta a la juez Alaya

SEÑORA Alaya:desde el más profundo respeto a la Justicia, como afiliada a la UGT, quiero reclamarle públicamente ese mismo respeto a la labor sindical, así como trasladarle mi interés por que la instrucción del caso de los EREs en Andalucía culmine cuanto antes, que caiga el peso de la ley sobre todos aquellos que se hayan lucrado ilegalmente y se termine, de una vez por todas, con este circo mediático que está promoviendo el linchamiento público de los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO.

No obstante, me permito sugerirle que reflexione y analice si no es su manera de proceder la que está alimentando tal linchamiento público. Porque usted sabe perfectamente que la ley ampara la actuación del sindicato en los Expedientes de Regulación de Empleo de empresas en crisis; usted sabe también que gracias a esos EREs se han salvado miles de empresas y decenas de miles de puestos de trabajo y muchos trabajadores han podido llevar una vida digna gracias a las prejubilaciones; y, además, que este sistema no sólo funciona en Andalucía, sino en todo el Estado. De hecho, en la última década, los andaluces afectados por EREs sólo representan el 5,3% del total de trabajadores afectados en España.

Así es que, señora jueza, impute a quien tenga que imputar, pero no lance dardos envenenados en sus autos basándose en declaraciones de imputados, en suposiciones o teorías no contrastadas con los señalados por el dedo acusador de quienes, al declarar, se ven en un callejón sin salida. Sea usted ecuánime, muéstrese imparcial, baje de su atalaya y no cargue las tintas contra quienes nada hemos tenido que ver en esa trama corrupta.

Para su información, le diré que en la UGT somos más de un millón de afiliados y afiliadas y decenas de miles de delegados y delegadas y cuadros sindicales. Y sepa que no estamos dispuestos a tolerar que se arrastre por el fango el nombre de nuestro sindicato. Precisamente por eso la UGT Andalucía se ha personado desde el principio como acusación, para impedir que nadie manche o emborrone el buen nombre de nuestra organización. Y si alguien, a título individual, ha cometido irregularidades, que lo pague. Usted haga su trabajo y déjenos realizar el nuestro con dignidad.

Sepa usted, señora Alaya, que en la UGT no nos temblará el pulso si alguno de los nuestros es imputado o declarado culpable cuando se celebre el juicio. Él o ella dejará de ser de los nuestros inmediatamente. Nosotros no despediremos a nadie en diferido ni haremos una simulación de despido, lo expulsaremos de la UGT sin demora, en el momento que tengamos constancia de su actuación irregular, sin contemplaciones, sin excusas ni falsas componendas, porque no queremos corruptos en nuestra organización. Contamos con unos Estatutos, un código ético y unas normas internas de obligado cumplimiento. Y los utilizaremos para depurar las responsabilidades a que haya lugar.

Dedíquese pues a instruir el caso con celeridad y no alimente con su manera de proceder la calumnia que difunden con avidez desbordada la caverna mediática y los enemigos declarados de los sindicatos de clase, la de que los sindicatos nos dedicamos a captar y promover Expedientes de Regulación de Empleo para cobrar comisiones ilegales y que los prejubilados de los EREs son todos unos chorizos intrusos. Nada más lejos de la verdad, como bien sabe, y nada más injusto.

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