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Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Celebremos Europa

Es innegable que la historia del continente es un eterno retorno al Imperio Romano que nos mantuvo en paz

El 9 de mayo es el Día de Europa. En medio de la ola de nacionalismos, regionalismos y aldeanismos excluyentes y visionarios que creen que el paraíso es su terruño, parece casi ofensivo definirse como europeísta. Y mucho más, defender su lema, "In varietate, concordia" (Unidos en la diversidad), cuando salirse del pensamiento imperante es casi herejía.

La Unión Europea nació de las cenizas de la II Guerra Mundial cuando las ruinas humeantes del conflicto eran aún el paisaje imperante. Aún estaba vivo el recuerdo del dolor y el hambre y las heridas seguían abiertas. Pero es innegable que la historia del continente es un eterno retorno al Imperio Romano que nos mantuvo unidos y en paz -la Pax Augusta- durante siglos. Quizá por todo ello, aquel 9 de mayo de 1950, cuando Robert Schumann, ministro francés de Exteriores, anunció el proyecto de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, no quiso lanzar una arenga pomposa y hueca. Sabía que lo que uniría a Europa serían hechos concretos que crearan, ante todo, una solidaridad de hecho. Sólo dos años después, Jean Monnet presidía la CECA. El mismo hombre que en plena guerra dijo en el Comité de Liberación Nacional de la Resistencia francesa que no habría paz para Europa si se reconstruía sobre la base de las soberanías nacionales. Su argumento es incuestionable. Somos países demasiado pequeños para asegurar a los pueblos la prosperidad y los avances sociales que demandan. Algo parecido a lo que Churchill definió en su Discurso de Zurich como los Estados Unidos de Europa. Al fin y al cabo, como señaló entonces, todo lo que se necesita es el propósito de cientos de millones de hombres y mujeres, de hacer el bien en lugar de hacer el mal y obtener como recompensa bendiciones en lugar de maldiciones.

La UE sufre el ataque de esa izquierda que la tilda de ser la "Europa de los mercaderes" y también el de la derecha nacionalista e identitaria que abomina de su proyecto integrador. Pero unos y otros exigen los fondos europeos para reconstruir nuestra maltrecha economía tras la pandemia. Sin duda, lo que nos hace confiar en el futuro de Europa son esas realizaciones concretas que enunció Schumann. Lo palpable frente a lo etéreo. La solidaridad y la libertad que exigen la responsabilidad de todos para con todos. El sentido de ser uno sin perder la identidad de las partes. Porque Europa, la Europa unida, será siempre la solución y nunca el problema.

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