El niño del rollo

Clavileño

Una de las mayores enseñanzas del Quijote es que son más cuerdos, y no más ingenuos, quienes conservan la esperanza

Por segunda semana consecutiva voy a elogiar a un político del PP. Hoy le toca a Francisco de la Torre, alcalde de Málaga, que ha defendido al ministro de Consumo, Alberto Garzón (IU) de las críticas de Elías Bendodo, presidente del PP en la provincia malagueña y consejero de Presidencia de la Junta. El ministerio de Garzón ha propuesto un semáforo nutricional para combatir malos hábitos alimentarios y Bendodo ha arremetido contra Garzón, al que acusa de propugnar la erradicación del aceite de oliva y el jamón serrano. Pues bien: de la Torre, que colabora con el Ministerio de Consumo en un proyecto para promover hábitos saludables y sostenibles entre la juventud, ha afirmado que las declaraciones de Bendodo se deben a un "malentendido" y ha defendido al ministro.

La campaña de Bendodo contra Garzón es un previsible episodio más de la barriobajera lucha partidista española. En cambio, que de la Torre colabore con un político de otro partido y lo defienda de los injustos ataques de un político del partido propio es de esos hechos que a uno le resucitan la esperanza. Febrero nos ha regalado otros hechos esperanzadores, como el tono relativamente constructivo de las intervenciones durante la última comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso y el impacto de las vacunas sobre las cifras de fallecimientos por Covid.

Febrero trae también, cada año, el florecimiento de los almendros en algunas regiones. Recuerdo a mi padre comentar con esperanza la profusa floración de sus almendros. Pero algunos años llegaban luego las heladas y lo dejaban sin cosecha. Helados nos dejó también ayer el fracaso de las negociaciones para la renovación del CGPJ.

La esperanza nos proporciona desengaños proporcionales a su magnitud. Es, pues, un sentimiento paradójico. Por esta razón, la calle Virgen de la Esperanza está perfectamente ubicada en Granada, en el barrio de Cervantes. Su paralela es Clavileño, una calle estrecha, encerrada entre altos bloques de viviendas, que recuerda al caballo de madera con el que engañaron a don Quijote haciéndole creer que volaba. Si el nombre es lo único inspirador de esa calle, su mensaje para la política parece ser que nuestras esperanzas solo tienen fundamento en el engaño. Pero una de las mayores enseñanzas del Quijote es que son más cuerdos, y no más ingenuos, quienes conservan la esperanza. Al fin y al cabo, los almendros no se hielan todos los años.

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