El termómetro

Enrique Novi

Comisaría musical

UNA de las noticias más sabrosas que nos deparó 2009 se produjo pocos días antes de que el período navideño se apoderara de nuestra cotidianeidad y acabara por enterrar cualquier otro foco de atención que no fuera el propio frenesí de las fiestas. Me refiero a la denuncia de un aficionado contra un músico por no tocar en el estilo anunciado. Ocurrió durante el concierto que clausuraba el V Festival de Jazz de Sigüenza. Larry Ochs, saxofonista neoyorquino de larga trayectoria en el jazz de vanguardia, afrontaba su repertorio sobre el escenario al frente de su banda, ajeno a la denuncia que un enojado espectador redactaba por sentirse estafado. Según consta en la reclamación, había comprado una entrada para asistir a un concierto de jazz y lo que encontró fue uno de música contemporánea, música esta que adujo tener contraindicada psicológicamente por prescripción facultativa. El despropósito no acaba aquí. De hecho no había hecho más que empezar, pues el grupo de amigos del denunciante conminó al alcalde de la localidad castellana, presente en el acto, a pronunciarse sobre la polémica. Ante el alboroto, tuvo que personarse un número de la Guardia Civil que, tras escuchar con detenimiento la propuesta musical del señor Ochs, dictaminó que, efectivamente, aquello no era jazz.

Como ven, la realidad supera a la ficción y dudo mucho que, por mucho que se esforzaran, Azcona y Berlanga hubieran juntado en un mismo guión a un médico tan perspicaz para distinguir qué estilos prescribe a sus pacientes, un alcalde superado por los acontecimientos, un aficionado quisquilloso y un picoleto versado en las fronteras entre géneros musicales. En esta historia tenemos también a un músico experimentado que declaro "yo creía haberlo visto todo pero es obvio que estaba equivocado". Y lo mejor: el sucedido ha llegado a oídos de Wynton Marsalis. El trompetista de Nueva Orleáns, una de las figuras más influyentes del jazz contemporáneo y conocido por su actitud didáctica y su inclinación hacia la pureza del género, se ha ofrecido a enviarle al denunciante, en señal de gratitud, su discografía completa autografiada. No parece mal premio, pero miedo me da pensar que cunda el ejemplo y tengamos que acabar estableciendo una comisaría musical en cada certamen de los cientos que tenemos repartidos por el país.

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