Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Conmigo o contra mí

En ambos lados resuena el rumor del combate y detrás se cuadran los milicianos mirando al 'enemigo'

La violencia ambiental se impone en 'La batalla de Madrid'. Primero era entre ellos pero ahora disparan también contra los neutrales. Igual que en las peleas de bandas de barrio que se impone el 'o conmigo o contra mí' y si te metes a separar pues te acaban dando por todos lados. Los matones nunca nos gustaron en este barrio y menos de los que revientan mítines a ladrillazos o lanzan balas a domicilio como advertencia.

En ambos lados resuena el rumor del combate. 'Defendamos Madrid' o 'Salvemos Madrid' son las consignas. Y detrás se cuadran ya los milicianos (intelectuales, claro) mirando al 'enemigo' y cargando los trabucos, por ahora aún verbales. No es eso, no es eso, que dijo aquel.

No hay más 'enemigo' que ellos, esos que buscan el cuerpo a cuerpo (literal) a sabiendas de la reacción que tendrán en tal o cual barrio; esos que seleccionan violencias para condenarlas solo si es contra ellos; esos que señalan o vetan periodistas; esos que arropan como amistades a los más convictos por violentos.

Con toda esta ralea, pues sí, lo mejor es hacerse a un lado y ver la pelea de gallos desde la barrera y si acaso ponerse algún chubasquero para cuando salte la sangre, que a punto está.

Si algo tienen los populismos de la derecha extrema o de la izquierda extremista es esto: apelan a nuestra emoción antes que a la razón; alientan lo pasional de cada uno; desentierran a los muertos como quien hace sonar el tambor de la tribu y luego lanzan a sus huestes enardecidas contra los de enfrente siempre, sin autocríticas, con esa dificultad intrínseca que tienen estas falanges tebanas de hacer autoexamen, por mínimo que sea; porque ambas bandas dominan el marketing electoral y saben lo que ahorras en folletos si la prensa te hace la propaganda gratis.

De ahí tanto circo de provocaciones en barrios hostiles, numeritos en los debates y, especialmente, tanto eslogan guerra civilista mientras que sus propuestas (¿alguien se ha leído sus programas?) brillan por su ausencia.

Este hacer política a base de titulares, de rifirrafes, de frentes nacionales o populares ha enterrado aquello ya antiguo que era el diálogo y sus negociaciones aburridas sin grandes protagonistas, ese tan recomendable jarabe realmente democrático que tantos ahora y por igual tanto necesitan.

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