Cuántas veces un runner ha escuchado aquello de "correr es de cobardes" para intentar sembrar en él el desánimo. Y cuántas otras se ha dicho de broma a un amigo o familiar que huía de la lluvia y no tenía paraguas. Muy típico en el mes de septiembre, cuando las precipitaciones llegan por sorpresa y sin previo aviso, impidiendo una mínima preparación en ropa, calzado y elementos para combatirlas como el chubasquero. Estas dos personas parecen haber escogido el día perfecto para que alguien les grite eso de "¡correr es de cobardes!" y encima por partida doble.

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