Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Cortinas de humo

A nadie debería extrañarle que el señor Iglesias lo que pretende es acabar con la democracia liberal

Llevamos sufriendo seis meses de pandemia con miles de fallecidos -desconocemos el número siquiera aproximado porque el gobierno es incapaz hasta de llevar la tétrica contabilidad de los muertos-, una economía que se desmorona, las rentas familiares cogidas con los alfileres de unos ERTE que surgieron como solución de emergencia y que no sabemos ni cómo van a pagarse. Pero las prioridades del gobierno, y en particular, las de ese extraño subgobierno formado por los ministros de Unidas Podemos, siguen siendo las de su revolución de cafetería de facultad.

En medio del desastre, su debate inaplazable es el de Monarquía frente a República. Además, sin respetar los procedimientos constitucionales establecidos. Que quede claro que son revolucionarios. Pero esa no es más que la punta del iceberg. A nadie debería extrañarle que el señor Iglesias y toda su cohorte de comunistas y radicales de izquierda lo que pretenden realmente es acabar con la democracia liberal. La que hace medio siglo nos dimos los españoles en un proceso ejemplar que ahora pretenden derrumbar con falsos argumentos cargados de revanchismo. Lo llevan anunciando desde su nacimiento. Que nadie se lleve a engaño. Abominan de la separación de poderes, de las libertades individuales, de la libertad de expresión y de prensa, del respeto a la propiedad privada y por supuesto, de la economía de libre mercado. La crisis generada por la pandemia es el caldo de cultivo necesario para imponerse desde su abultada minoría parlamentaria. Tenemos el gobierno más débil de la democracia con la oposición más dividida. La tormenta perfecta.

En dos semanas hay que presentar a Bruselas un borrador de presupuestos para acceder a los necesarios fondos para la reconstrucción nacional. Fondos que estarán sujetos a programas concretos sobre los que ni se sabe si se trabaja. Pero su objetivo político y revolucionario es inaplazable. A este ritmo, los fondos no van a llegar, como muy pronto, hasta el próximo verano. Les da igual. Nunca encontrarán un país más indefenso ni en peor situación. De ahí que no bajen el ritmo en su campaña de agitación y propaganda. Pero si ese peligro es acuciante, no es menor el de creer que la solución está en echarse en brazos de VOX, otro autoritarismo antiliberal, pero en el extremo contrario. De seguir esta senda, acabaremos como lo hizo media Europa en los años treinta, suicidándonos por miedo a morir.

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