Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Cosmopolita y aquí al lado

Siempre admiré a los artistas que regalan un trozo de sí para que te lleves un pedazo de su alma

Traspasadas las fronteras del aislamiento estaban la charla, el encuentro, ese mirarse cara a cara, brindar, reírse por todo, comer juntos y sonreír por nada. Más allá de la frontera real que nos impedía siquiera llegar a la Vega o al Pantano de Cubillas si eras de Granada, estaba el silencio de ese rincón que es Chite en calma hasta que llegamos ese grupo de amigos que salimos rumbo al Valle este largo fin de semana. Y en un recodo del pueblo nos esperaba Gym Halama para abrirnos de par en par su estudio paraíso de pintura, allí donde vive y sueña y pinta y palpita esta mujer tan rubia, después de encontrar su rincón en el mundo, justo aquí al lado.

Una pintora por descubrir, inglesa educada en francés, que cambió hace décadas el trajín del Londres bullicioso y cosmopolita por el trino limonado que rodea su paraíso encontrado.

Cuelgan sus cuadros entre el blanco níveo de los muros, del mobiliario, de las sábanas de su dormitorio pegado al estudio donde lucen sus retazos de vida en imágenes sentidas en Nueva York o Marbella y luego traspasadas al lienzo, tapiz de sus sueños-puzzle, con ese orden propio en medio del babel de lenguas que domina y fluyen en su español-inglés-francés con que recibe al público que se acerca a ese 'The Sandpit Galery' que atesora.

El trasiego de gente inesperado le aturulla pero lo agradece. El espacio inspira intimidad y frescura. Siempre admiré a los artistas que, como ella, regalan un trozo de sí para que te lleves un pedazo de su alma adonde quieras. De lo que fue, claro, porque ellos siguen plasmando su instante a cada pincelada en ese eterno presente que les habita.

Traspasar las fronteras tras el encierro tiene recompensa. Ensanchas horizontes, piensas amplio, alcanzas a los que vuelan mientras que tú regresas enriquecido. Y recuerdas ya de vuelta a pintoras como la que encontramos en Chite, Gym Halama, ahí al lado no más, porque la sorpresa siempre aguarda a quien se atreve a exponerse al viento de lo inesperado.

De regreso al hogar seguro y sus cautelas, confías en que volverás pronto al Valle, allá por Padul o Dúrcal, donde queda un territorio interior amplio por descubrir, plagado de aquellos que, como le ocurrió a Halama en los años setenta, encontraron entre nosotros ese edén que los de aquí olvidamos, como la tarde que allí entre amigos y ayer mismo disfrutamos.

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