Quousque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

¿Cubo o dado?

El Cubo de Campo Baeza es la metáfora perfecta de ese camino hacia la más absoluta intrascendencia financiera

En Andalucía hubo más de diez cajas de ahorros. Unas fundadas o inspiradas por la Iglesia, otras por próceres sensibilizados por la dependencia de las familias de prestamistas y usureros y algunas por las diputaciones. Gracias a su amplia red de oficinas, creció el ahorro; los empeños en sus Montes de Piedad ayudaron a equilibrar presupuestos y el préstamo llegó a particulares y pequeños negocios nutriendo el tejido empresarial de una financiación vetada entonces por la banca. Los mercados cambiaron. Los bancos quisieron pescar en esos caladeros y llegó el momento de la apertura financiera, el desarrollo económico, la competencia y la necesidad de ampliar horizontes para mejorar la propia estructura, dar mayor solvencia a los balances y reforzar los fondos propios. Hubo quien pensó que la unión hace la fuerza y sumó para constituir una entidad líder con capacidad decisoria y sede en Andalucía. Y hubo quien quiso ser cabeza de ratón y acabó despanzurrado en la trampa de la crisis. Hoy, aquellas cajas, o son parte de la malagueña Unicaja o, tras diversas aventuras fallidas o truncadas por la realidad, han sido absorbidas por Caixabank, que tiene de andaluza lo que la rumba catalana: un cierto aire de lejana familiaridad.

El mercado financiero es competitivo y complejo. Requiere volumen de negocio, sentido del riesgo y anticipación. Además de un personal profesionalizado y unos directivos altamente formados. No cuatro políticos voluntariosos del "como Graná, no hay ná" que es lo que fue el Pacto del Saray. El Cubo de Campo Baeza, donde ya luce la estrella azul de Caixabank, es la metáfora perfecta de ese camino hacia la más absoluta intrascendencia financiera. Ha tenido más cambios de nombre en veinte años que la avenida de la Constitución en un siglo. Y es que aquel Pacto fue de un granadinismo paradigmático. Fijó las fronteras mentales de la General entre la Sierra, el Cubillas y Almuñécar. Ya se sabe que para el granadino fetén no hay necesidad de salir fuera de Granada. ¿Para qué? Visto ahora, todos tenemos claro que lo único que buscaba aquella unanimidad de los partidos era mantener un cómodo lugar de retiro para sus descartes electorales y quizá un condescendiente financiador de sus campañas. Lo cierto es que usaron el cubo como un dado y la suerte no nos sonrío, en lugar de comer y contarnos veinte, nos mandaron a casa. Y es que los mercados no son un tablero de parchís.

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