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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Curarse de testosterona

La 'enfermedad' de Semenya no difiere de la ventaja biológica de Michael Phelps. Pero él era hombre y norteamericano...

Jared Eamons tiene 19 años. Es hijo de un predicador baptista en una ciudad perdida de la América profunda. El día que le confiesa a sus padres que es gay comienza su penitencia: tiene que curarse; no es normal. Ser homosexual es una "lección" que en algún momento aprendió y ahora tiene que desaprender sometiéndose a un programa refugio. "Pienso en hombres, no sé por qué. Lo siento mucho".

Identidad borradano es una ficción superada. Está basada en hechos reales y acaba de llegar a los cines con Nicole Kidman y Russel Crowe como padres. A primeros de abril, la Conferencia Episcopal era noticia por su apoyo al obispo de Alcalá de Henares y sus cursos de "sanación espiritual" para homosexuales. La Iglesia ha buscado su refugio en las palabras: en lugar de "curar" lo llama "sanar". Como los curanderos de los pueblos que quitan las culebrillas y el mal de ojo.

Anoche leía en el New York Times que un equipo de físicos cuánticos ha logrado crear un algoritmo de cómputo que actúa como la "fuente de la juventud": han conseguido retroceder en el tiempo por una fracción de segundo; devolver un huevo roto a su estado original; El curioso caso de Benjamin Button pero en el mundo virtual. El matiz es importante. Porque tan relevante es su hallazgo, su triunfo tecnológico, como su advertencia de que se trata de una alteración "insalvable" para la naturaleza. Porque el tiempo, como dijo Einstein, es una extraña dimensión que va en un solo sentido. Es irreversible.

No podemos ir contra las leyes de la vida. Nos gusten o no; las entendamos o no. Lo paradójico es que los científicos lo asumen y no quienes, investidos de una transitoria cuota de poder, se creen capaces de tomar decisiones trascendentales cuando no son más que rehenes de prejuicios y de presiones.

No nos gusta que Caster Semenya gane tanto... Y por eso han decidido que la tricampeona mundial sudafricana se medique y se "cure" sus niveles naturales de testosterona. Su enfermedad se llama hiperandrogenismo, una "ventaja biológica" similar a la de otros deportistas de élite como el nadador Michael Phelps. En su caso, el cuerpo producía la mitad del ácido láctico que un atleta y le hacía sentirse menos fatigado. Pero él era hombre y norteamericano; nada que objetar.

De pequeña, cuando una chica no era lo suficientemente femenina, se la tildaba despectivamente de "marimacho". De eso no hace tanto. Reconozcamos que es mucho más fácil buscar atajos que asumir la excepcionalidad del otro, que admitir al diferente. Y de esto sí que tendríamos que curarnos.

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