El duende del Realejo

Dañar el Patrimonio

La acción sigue la escuela de los que manifiestan odio a España mucho más que preocupación por hispanoamérica

Leo, no sin estupor, en Granada Hoy, una información sobre dos criaturas -que deben de tener la cabeza como orza de pitos- que, tan ufanas ellas, se dedicaron a pintar el conjunto labrado en bronce y mármol que representa a la reina Isabel la Católica, recibiendo al almirante don Cristóbal Colón, que realizó el gran Mariano Benlliure y que se levanta en la plaza a la que da nombre la citada reina, en Granada; con profusión de pintura de color rojo sangre, para dar mayor patetismo a su ignorancia y la necedad de su histriónica acción y así llamar la atención con mayor fuerza, que no con mayor razón.

Estas sacerdotisas del templo de la ignorancia, no llegando ninguna de las dos a los treinta años, hicieron ridículo alarde de su ignominiosa torpeza e ignorancia, queriendo seguir con esa acción a la escuela de los que manifiestan odio evidente a España y a lo español mucho más que preocupación cierta por las repúblicas hispanoamericanas.

Han sido y son no ejército pero sí pelotón de pretendidos historiadores -especialmente de origen británico- que abordan sin rubor asuntos encaminados al relato ficticio y huero análisis de la historia de la presencia de España por tierras americanas, desde comienzos del descubrimiento de aquel continente, hasta la -desgraciada, para muchos ciudadanos de allá- independencia, para hundirse luego propiciando pasto de estados casi fallidos entre tiburones financieros, chamarileros de las haciendas públicas y oportunistas sin la menor conciencia de la economía internacional, politiquillos incultos hasta producir dolor y otras gentecillas menores de claro corte populachero, pastorcitos de la montaña y "comandantones" asesinos -al peor estilo del Ché- cuyas propuestas sociales y financieras no aguantan, media hora de análisis científico estructural -ni ético- encaminadas, como se ha visto, al enriquecimiento personal, el saqueo de la fortuna y fertilidad autóctonas y la implantación de oprobiosas dictaduras en esos pueblos, huérfanos de honrados gobernantes que, en cambio, manejan con inconfesables artimañas los respectivos ejércitos, que se entregan a obscenos y ridículos dictadores, garantizando la ausencia de cualquier estado de derecho y afirmando que propician el progreso y las libertades. ¡Cuán lejos están de España!

A mi modo de ver las cosas, las dos mozas que hemos citado, detenidas en comisaría por dañar Patrimonio histórico artístico, no merecerían sino un tiempecito entre rejas, una multa dineraria de aquí te espero y un curso obligatorio y con exámenes, de historia de España y de América. ¿O no?

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