Paso de cebra

José Carlos Rosales

Desastre escolar andaluz

SI el 30% de los pacientes empeoraran gravemente tras su paso por los quirófanos y ambulatorios de Andalucía, alguien presentaría su dimisión, las asociaciones de usuarios convocarían manifestaciones, los sindicatos alzarían su voz, los diputados crearían comisiones de investigación.

Si el 30% de los juicios celebrados en Andalucía fueran declarados nulos por graves defectos de forma, los colegios de abogados se mostrarían escandalizados o tristes, las asociaciones de magistrados convocarían a la prensa, los partidos políticos exigirían ceses fulminantes, alguien presentaría su dimisión.

Algo parecido ocurre desde hace años en la enseñanza andaluza (y española) y nadie se altera lo más mínimo: más del 30% de los alumnos andaluces de secundaria no alcanza niveles aceptables en comunicación lingüística y nadie ha pedido dimisiones, comisiones de investigación, cambios legislativos, manifestaciones o protestas. La enseñanza no le interesa a nadie y ahí están, para demostrarlo, los vergonzosos resultados de las últimas pruebas de diagnóstico realizadas por la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa. Y no sólo eso. Hay más: Andalucía (y España) es la zona de Europa con más fracaso escolar, menos Graduados en Secundaria y menos Bachilleres.

Esta crisis sorda del sistema escolar español (y andaluz) es muy vieja. Y no se arreglará haciendo un llamamiento a los padres para que siembren en sus hijos el hábito de la lectura. "A más lectura, mejores resultados en todos los niveles", dicen que dijo Mar Moreno, consejera de Educación. Y lleva razón. Lo sorprendente es que no predique con el ejemplo: la literatura y las humanidades llevan décadas sufriendo una marginación continuada en la legislación educativa española. Por ejemplo, en las últimas pruebas de diagnóstico la literatura brillaba por su ausencia: canciones de Pata Negra o Andy y Lucas aparecían en el lugar que deberían ocupar Galdós o Juan Ramón Jiménez. Y en vez de textos escritos cultos y respetables, los alumnos tenían que enfrentarse a recibos de empresas eléctricas, anuncios oficiales y otras ridiculeces. Añadamos la inoperancia de las Bibliotecas Escolares, el descrédito del profesorado, la falta de disciplina en las aulas, el enchufismo institucional, las componendas a la hora de conformar las juntas directivas de muchos institutos y una legislación miope y obsoleta: con estos mimbres no hay manera de mejorar los resultados. Sólo un profundo cambio legislativo y un pacto escolar por la educación podrían remediar el desastre en el que se encuentra la enseñanza andaluza (y española). Pero nadie se atreve, a nadie le importa.

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