EN diciembre de 2011, recién iniciada esta infame legislatura, García Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores, prometía que los nombramientos diplomáticos del nuevo Gobierno recaerían, "salvo circunstancias excepcionales" en funcionarios públicos, que se harían por razones de mérito, y que la norma sería que las embajadas estarían reservadas a los miembros del cuerpo diplomático.

Ya incumplieron su propia norma nombrando a Federico Trillo embajador en Londres, seguramente como premio a su impecable labor en la crisis del Yakolev 42, cuando despreció del modo más inmoral y repugnante la entrega de los militares muertos y el dolor de sus familias. Ahora, con toda la nocturnidad que supone hacer un nombramiento en el ecuador del verano, premia al ministro peor valorado de la historia de la democracia, el soberbio José Ignacio Wert, con la embajada de España ante la OCDE en París, para que pueda estar junto a su amada Montserrat Gomendio, segunda del ministerio mientras ocupó la cartera.

Una muestra más del modo de gobernar de Rajoy, que se muestra rumboso con el dinero de los demás hace regalos de boda a costa de los contribuyentes. Porque yo lo valgo. Y encima sin tener que responder por ello ante los medios, ya que al aprovechar la presentación de los presupuestos de 2016 (otro síntoma del desprecio a la dinámica democrática, pues hipotecará la acción del gobierno que salga de las próximas elecciones, sea el que sea), y el balance de la legislatura, no compareció como es habitual la vicepresidenta para todo, sino que fue el propio Presidente el que dio la cara, sin mencionar, eso sí, el nuevo puesto de Wert, del que nos enteramos leyendo la letra pequeña de las resoluciones del último Consejo de Ministros antes de las vacaciones.

El nombramiento es de tal desfachatez, que hasta un grupo tan poco sospechoso de revolucionario como el de la Asociación de Diplomáticos Españoles, los diplomáticos de carrera, ha mostrado su malestar en términos muy duros: "el caso Wert es un ejemplo más de la serie de personalidades de los dos partidos mayoritarios que sin cualidades resaltables para el puesto son premiados con embajadas como si se tratara de un grupo empresarial que recoloca a sus directivos en consejos de administración". Lo más desolador es que nada importe, que las vergonzosas 200 horas de declaraciones de la trama Púnica no haya tenido tiempo de escucharlas ni Floriano, al que mencionan; debía estar muy ocupado tomando el sol. Ni que los centenares de muertos africanos ya merezcan que nadie del gobierno interrumpa sus vacaciones… qué más da. El CIS les sigue dando ganadores.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios