Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Despertar pandémico

Respiras. Y te dejas acariciar por el rayo del sol que quería recordarte que hay un mañana en el que volverá a lucir

La férrea mano de la legalidad imperante afloja la presión, además de que hace sol y sin frío, y ves que las plazas y las calles y los negocios que reabren con pujante alegría se alborozan de vida. Te tiras tú también a recorrer las calles en buena compañía para, de nuevo, respirar y rescatar aquella sana sensación de libertad que tenías cuando aún era 'normal' ir a desayunar un suizo con café y con mantequilla.

Ves la terraza recién puesta abarrotada y casi sin mesas libres, escuchas la animada charla de los que acicalan el escaparate y piensas qué justa es la etiqueta de 'calamidad' de los hermanos portugueses.

La vida de provincias está herida a la espera de la resurrección de todo aferrados al sueño de una vacuna, tan tecnológicos nosotros y tan inermes contra el bichito que sólo se para a la antigua, con distancia física y mascarilla y con aguante y paciencia, esas dos virtudes que en la sociedad del hedonismo rampante perdimos.

Muchos no pueden más. Lo notas en el trato áspero, en el airado grito del señor que amonesta a la chica en patinete por la acera, en el camarero que casi te escupe porque está a punto de cierre y ante el abismo del paro o el laberinto del ERTE.

Pero respiras. Y te dejas acariciar por el rayo del sol que esta mañana quería recordarte que hay un mañana en el que él volverá a lucir y a dar su luz generosa a todos por igual.

Las ayudas estancadas y Granada sitiada/aislada por el virus; con grandes superficies donde aúlla el silencio; sin turismo y casi sin Universidad; inerme ante las carencias del monocultivo local del pan para hoy y nadie alumbrando ideas para aflorar un nuevo sector que salve de la emigración a tantos; o, en fin, con toda esa clase rentista con los pisos vacíos sacando al mercado los hoteles que a ver quién los va a comprar.

Pasando de la alarma a la constatación de la catástrofe, viendo cómo un día sí y otro también cierran los comercios del 'no future', sólo nos quedará esta ilusión por, al menos, encontrarse y pasear y ver y saludar y contarse lo mal o lo menos mal que nos va a cada cual, salida/desahogo del encierro doméstico del que renegamos como gente del sur que somos, insumergibles y tozudos esforzados que un día diremos qué mal lo pasé durante esta insoportable, extensa, insufrible pesadilla.

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