Señales de humo

José Ignacio Lapido

Discernimiento

EL azar rige nuestras vidas. Curiosas piruetas espacio-temporales pueden hacer que un día que ganemos 13 millones de euros en la lotería y al día siguiente nos atropelle el camión de la basura. Un parpadeo o un simple bostezo pueden cambiar nuestro sino. Es sólo cuestión de segundos que los dioses de la casualidad logren evitar un choque de trenes. No es el caso que nos ocupa.

Imagino que los carteles con los que el PSOE empapelará las calles en la precampaña ya estaban en imprenta cuando la Conferencia Episcopal emitió su famosa nota orientadora. Estoy seguro de que si los monseñores hubiesen conocido el nuevo eslogan de los socialistas se habrían abstenido de armar el follón que han armado. "Motivos para creer" es el lema más curil que se ha escuchado en el hemisferio occidental desde que Santo Domingo Savio enunció el suyo: "Antes morir que pecar". El socialismo del siglo XXI apela a las creencias, ¿en qué? En la sonrisa y en la mirada positiva de Zapatero. Lo del "programa, programa, programa" de Anguita está más obsoleto que los manuscritos del Mar Muerto. Y todavía hablan del laicismo radical de la izquierda española. Calumnias. No tardaremos en ver la sustitución de los mítines por una suerte de ejercicios espirituales para las masas aplaudidoras. El aroma catequista que desprende la frase no ha impedido sin embargo que los prelados la caguen. Errare humanum est, perseverare autem diabolicum.

Convendrán conmigo que si los obispos no existieran habría que inventarlos. A un columnista poco o nada motivado, como es mi caso, sólo una buena polémica de tintes clericales podía hacerle salir del muermo. Es por ello por lo que agradezco a la Conferencia Episcopal su mensaje, tan clarificador a la hora de orientar mi voto. Vivimos tiempos de confusión y es bueno que una autoridad moral como es la jerarquía católica, con ese rico historial de inquisiciones y persecuciones de cualquier desviacionismo, ilumine a los que tendemos a perdernos en laberintos. Y además es tradición. Siempre han utilizado metáforas agropecuarias para guiar a sus fieles por el camino correcto. Somos un rebaño de ovejas descarriadas necesitadas de un Buen Pastor. No hace falta explayarse aquí sobre las peculiaridades en la relación pastor-oveja.

Y si yo estoy contento no digamos en el PSOE. Sé de buena tinta que en las inmediaciones de la calle Ferraz se oyeron aleluyas al saber de las pías recomendaciones. Tan paradójico como cierto: los obispos, con su empeño en "ayudar a discernir" a sus fieles, le han alegrado el final de las carnestolendas a Zapatero. Siempre es más llevadero lidiar con las sotanas que con los horrorosos datos del paro. ¿O no?

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