El duende del Realejo

Donar concede grandeza

La donación de la colección Ajsaris a Granada habría de ser sincera y sin condiciones

Corre en estos días, por esas redes sociales; que, como el mundo, son de Dios y del diablo; un reportaje corto y reivindicativo sobre una colección privada de arte, instalada en una antigua casa morisca del bajo Albaicín granadino, por la parte que vuelca las vistas al paciente río Darro y son coronadas, bajo el cielo de Granada, por la línea quebrada y sobrecogedora de las murallas alhambreñas, concretamente en la calle de Zafra que está, a su vez, en el que fuera arrabal musulmán llamado otrora 'Ajsaris' y que ha dado nombre -bello nombre por eufónico- a la casa en cuestión y a la misma colección de arte de la que hablamos.

Hace más de cuarenta años, la pareja formada por Juan Manuel Segura y Francisco Jiménez (+), comenzó a reunir, principalmente, pinturas figurativas y pequeñas esculturas de diferentes tiempos, cuyos autores fuesen granadinos o que, de un modo u otro, tuviesen que ver con Granada en sus temáticas o biografías, desde la lejana y tan prestigiosa escuela barroca, que tantos y tan prolíficos maestros dio al arte en España, hasta los de más recientes tiempos, que realizaron sus obras entre la segunda mitad de la decimonónica centuria y las décadas de inicio del pasado siglo XX. Y todo ello, en cantidad tan numerosa que, pese a estar la dicha colección en una espaciosa casa, cuyas vigas bien pueden cargar en sus memorias el peso de cinco siglos y de disponer de numerosas salas, se muestra -o casi- toda a la vez, en un conjunto inexcusablemente abigarrado que más parece obedecer a criterios decorativos que a los verdaderamente museísticos. Siendo, no obstante y muy seguramente, de las mayores colecciones y más genuinamente granadina entre las que se muestran, diariamente, en Granada.

Esta serie antológica de la historia del arte en y de Granada, como hemos dicho, han tardado en reunirla camino de medio siglo. Y el día en que del mundo se ausente su último poseedor, podría disgregarse, de nuevo, en cuestión de meses o poco más, así, la memoria de su reunión, resultaría casi anecdótica en el mar de la historia. Quizás por eso, tanto el recordado Paco Jiménez como hoy -aún- Juan Manuel Segura, han tenido el noble empeño de ceder, regalar esta galería antológica a la ciudad de Granada.

El reportaje que citamos al comienzo de estas líneas, lo tildamos de "reivindicativo" y añadimos, ahora, que con cierto tono de reproche, también, porque en él se afirma que ninguna institución pública quiere recibir este regalo. Lo que se silencia es que, las condiciones que se imponen por el donante, hoy por hoy, no son permitidas por la ley. Y a nadie se puede reprochar que no quiera prevaricar, o poco menos. Así, pues, la donación -esa que concede grandeza al donante- habría de ser sincera y sin condiciones. ¿O no?

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