Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Duros odenarios

LOS últimos delegados de la Consejería de Cultura, y Pedro Benzal en particular, tienen merecido el título de pertinaces defensores del subsuelo. Durante años han vigilado con una tenacidad desconocida la aparición de cualquier resto antiguo en alguno de los numerosos socavones que se abren a diario en la piel de la ciudad. Y al menor atisbo de tesoro han mandado parar las obras. Ahora bien, ese celo se ha reproducido exclusivamente en las obras emprendidas por el Ayuntamiento de Granada, lo que ha dado lugar a una larguísima relación de conflictos políticos unas veces por huesos, otros por vasijas, o por murallas, paredones, enterramientos, canalizaciones, tejas, adobes y teselas.

Este pulso a cuenta del primor arqueológico y el respeto a la historia y a las santas tradiciones una veces ha estado más que justificado pero otras ha sido tan hiperbólico como los chistes de Jaimito. El caso más representativo de esa rivalidad trasladada a la arqueología lo fue, lo sigue siendo y lo será por muchos años (si el sentido común no toma el control) el de los restos de la plaza de toros, tantas veces comentado en esta columna, una prolija colección de pedruscos que el PSOE elevó a la categoría de lingotes de oro y que ahora reposan no se sabe en qué lúgubre covachuela esperando la resurrección de los muertos.

Lo que no esperaban los socialistas de la Junta es que les apareciera a ellos, en su obra más emblemática, unos restos romanos. Pero el azar es así de vengativo y ha querido que bajo las piquetas de los obreros que construyen el Metro en los Paseíllos universitarios hayan florecido, como si fueran patatas tempranas, no se sabe bien qué residuos del pasado que amenazan no sólo con frenar las vertiginosas obras sino a cambiar el itinerarios del tren, e incluso en el peor de los casos a echar por tierra el convenio con la Universidad, propietaria de la vía y que se ha embolsado una millonada.

Ayer Benzal se mostró mucho más reflexivo y contemporizador, no decretó a bote pronto la paralización preventiva de la obra sino que pidió amparo a los arqueólogos que deben valorar en su justa (justísima) proporción los vestigios. Y en esta incertidumbre estamos, sin saber qué ha emergido de las entrañas de la tierra, si un denario o un duro antiguo. Alega Benzal que en estos momentos es "complicado adivinar" qué ocurrirá con las obras y con el Metro, cuál será la decisión arqueológica y cuál la política. Nunca las adivinanzas han sido fiables. Eso sí, el antecedente de las piedras de la plaza de toros no se puede olvidar ni a base de sesiones de litotricia.

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