Los nuevos tiempos

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Elecciones eternas

La mayoría prefiere hablar de Netflix salvo que le vaya algo del sueldo en política o tenga a alguien en ese 'fregao'

El fracaso del nuevo sistema de partidos alumbrado tras la fase ominosa de la corrupción galopante que sufrimos toda una década está demostrando su inviabilidad a las claras. Cuatro elecciones generales en cuatro años es una cifra tan rotunda que no deja resquicio a las dudas. La regeneración democrática que se pretendía ha derivado en un atomización del electorado en cuatro virreinatos de taifas con reyezuelos tan juveniles como celosos de sus cuotas de poder tan troceado. Así podrían haber seguido y tan contentos si no les hubiera salido a unos y a otros ese Pepito Grillo con barba y Santiago y Cierra España que les dice las verdades del barquero a unos y a otros sin coger cuotas de poder para dejar libre la conciencia política al no tener las manos manchadas.

Los votantes, hastiados, ya empiezan a dejar de oír los reclamos. Salvo que te vaya algo del sueldo en política o tengas algún pariente o amigo en ese fregao tan espeso y poco honorable en que han convertido la política, la mayoría prefiere hablar de las series de Netflix o de lo baratos que son los viajes a Europa ahora que el curro (público y privado) le ha permitido al personal rellenar algo las arcas, ponerse al día con las hipotecas y reponer las despensas vaciadas por la crisis.

De irresponsables tachan a esta muchachada-casta peleada y sin visión del bien común más allá de sus palmeros de partido. No hay idea de Estado que, en democracia, obliga a dormir con la más fea si hiciera falta con tal de sacar adelante un gobierno viable, como les ha tocado hacer a los partidos europeos durante décadas. Aquí reina la consigna de al enemigo ni agua.

Si a toda esta zozobra inviable le añades ese kafkiano independentismo espeso y enquistado al que ya ni los catalanes quieren, se te dibuja un panorama tristón y falto de esperanza que te lleva, mal que te pese y de nuevo, a un volverte a tus labores y afanes, a cambiar de canal cuando salgan a venderte su moto cualquiera de los barbudos, o el de la perilla con coleta y casoplón de paterfamilias aburguesado, o el desorientado naranjito o, especialmente, ese maniquí malqueda tan falto de ideas y sobrado de trajes que sólo desenterrando traumas justifica avión, palacio y ese hacer lo que se le viene en gana mientras hace años en su poltrona.

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