En tránsito

Empanada mental

Es asombrosa la ignorancia que nuestra izquierda pagafantas profesa con respecto al nacionalismo "indepe"

La ministra María Jesús Montero ha dicho que ERC y Bildu aman a España y que por eso mismo se pueden negociar los Presupuestos del Estado con esos dos partidos que lo único que pretenden -basta leerse sus Estatutos- es la destrucción de la nación española tal como la conocemos (y eso incluye la Sanidad Pública, las pensiones y todo nuestro Estado del Bienestar). Es asombroso el nivel de ignorancia que nuestra izquierda pagafantas profesa con respecto al nacionalismo "indepe". Si la ministra supiera con qué zafia crueldad se ríen de su acento andaluz estos supuestos enamorados de España, enseguida correría a esconderse en un monasterio cartujo. Para el militante medio de ERC, España es un país de cabreros semianalfabetos que hablan como la ministra Montero y que apenas saben articular un mínimo pensamiento racional. Y para los militantes de Bildu -que afortunadamente no conozco-, España es un país de infrahumanos apestosos que deberían vivir confinados en un régimen de "apartheid". Hace 30 años, por cierto, algún militante de Bildu no habría vacilado en meterle un tiro en la nuca a la ministra Montero, tal vez impulsado por su fervoroso amor a España (hay amores que matan, según reza la sabiduría popular).

La empanada mental de nuestra izquierda con respecto al nacionalismo identitario de catalanes y vascos (y de cualquier otro nacionalismo de campanario que se apunte al movimiento) es uno de esos fenómenos paranormales que no tienen explicación racional. Y lo más inquietante de todo es que son las personas supuestamente mejor formadas -profesores universitarios, intelectuales, escritores, artistas- quienes caen continuamente en esta clase de papanatismo ideológico. Porque son justamente nuestros mandarines intelectuales -esos que se pasan la vida burlándose de la gente ignorante y supersticiosa- quienes se comportan como los pobres pastorcillos de Fátima cuando aparece alguien exigiendo autodeterminación, plurinacionalidad o "el sagrado derecho de los pueblos a elegir su propio destino". Y automáticamente, esos grandes intelectuales que nos explican el mundo en sus magnas obras de creación y de pensamiento se arrodillan, juntan las manos y empiezan a gritar -levitando- que se les ha aparecido la Virgen de la Plurinacionalidad Interseccional No-Normativa.

Aleluya.

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